Un huerto de recuerdos en Oímbra

REPORTAJE

Los usuarios del centro de día de Oímbra, con 13 años de historia, volvieron ayer al pasado con la creación de un pequeño huerto. Una actividad que busca, además de poner en valor la vida en el rural y sus costumbres, apoyar el autoconsumo

Un huerto en Oímbra para recordar viejas costumbres

Un huerto. Para muchos no tendrá gran significado, pero para los usuarios del centro de día de Oímbra sí. El huerto simboliza la vuelta a sus viejas costumbres, un viaje al pasado, a su rural. Con los sentimientos a flor de piel, los 11 mayores que acuden a diario a este centro crearon este martes, con sus propias manos, un pequeño huerto en el espacio del que disponen en el exterior de la entidad.

Desde la dirección del centro, perteneciente al Consorcio Galego de Igualdade e Benestar, conocen uno a uno a sus usuarios y saben que este proyecto les ilusionaría. Y así fue. Este martes se pusieron manos a la obra y, en la medida de lo posible, cada uno de los mayores contribuyeron en la plantación de lechugas, cebollas, puerros, tomates y, como no podía ser de otra manera, pimientos de la tierra, pimientos de Oímbra. Además de estas verduras también colocaron en neumáticos con tierra plantas aromáticas -para trabajar posteriormente en talleres sobre el olfato-.

Con esta actividad, en la que los que pudieron participaron activamente y los que no miraron con gusto, la entidad pretende que los mayores recuerden la vida rural y que compartan sus recuerdos del pasado. Además, también buscan el autoconsumo. “A ensalada sabe mellor cando é da túa propia horta”, contaba Raquel Álvarez, la directora del centro de día, tras una jornada en la que no faltó el aprendizaje entre usuarios y trabajadores.

Otras actividades

Este nuevo huerto es una de las piezas que conforman el día a día del centro de Oímbra, donde después de 13 años en marcha continúan volcados en el cuidado y mimo de sus usuarios: “Tratamos de facerlles a vida máis sinxela e facer sempre cousiñas que evoquen ao pasado e as súas costumes”, explica Álvarez. Desde talleres cognitivos, juegos de mesa, rutas por el pueblo para sociabilizar con los vecinos, gimnasia, talleres de memoria o actividades de canto y baile, entre otras muchas iniciativas que llevan desarrolladas a lo largo de la vida del centro. Por ejemplo, el año pasado hicieron un pequeño jardín, recordaba Raquel Álvarez ayer, “foi algo que tamén o desfrutaron moito”.

Así, entre diversas actividades y proyectos, los mayores viven, comparten, disfrutan, aprenden y enseñan en un entorno sano en el que sus trabajadores tratan de “sacarlles sorrisos e facer cousiñas que lles fagan ilusión para que se sintan como na casa”, concluye la directora del centro de día de Oímbra.

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