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CRÓNICA
La familia de Edelmiro Manzano Montoya esta de luto por el reciente fallecimiento de una hermana del patriarca. Por ese motivo, siguiendo la costumbre del pueblo gitano, no ven televisión, ni escuchan la radio, una medida que asumieron igualmente el resto de los residentes del poblado de A Pena, en Carballiño. "Es por respeto al patriarca", manifestaba su hijo Antonio Manzano Gabarro. Por ese motivo, la información que les llega sobre el coronavirus ha sido primeramente por parte de los Servicios Sociales del concello, de Cáritas, y también de vez en cuando a través del móvil de uno de los habitantes del poblado.
De ahí, no es de extrañar la reacción del patriarca cuando nos acercamos a las chabolas de bloques para hablar con ellos. "Pero qué es lo que pasa? No podemos salir, ni trabajar, esto es peor que una guerra", manifestaba en el momento en que se acercaba a una yegua que tiene a punto de parir. Un niño se refugiaba asustado detrás de su padre al vernos con mascarillas y guantes: "¡Papá, está infectada!", señalándome.
En A Pena viven seis familias "con muchos niños", precisaba Edelmiro Manzano. Trabajan con la chatarra y de vendedores ambulantes, pero desde que el concello les advirtió que no podían salir a la calle, allí permanecen más que aislados porque apenas les llega información, hasta el punto que preguntan por qué los sanitarios salen todos los días a las ocho a aplaudir, ya que el poblado está justo enfrente del centro de salud de Carballiño.
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Lo que les preocupa es que "si no trabajamos lo vamos a pasar muy mal", apuntaba Antonio Manzano, que además de dedicarse a la chatarra también trabaja de jornalero en lo que surja. Ni siquiera algunas de las mujeres que contribuían pidiendo en las calles de la villa, tampoco pueden hacerlo.
El hijo del patriarca aclaraba que de momento "vivimos con los pocos ahorros que tenemos y con lo que nos trae Cáritas". Cada semana pueden ir a recoger alimentos, algunos residentes lo hacen en Maside, en donde están empadronados, pero la mayoría en Carballiño. "Nos traen leche, arroz, sardinas, pasta, aceite, pero echamos en falta algo de pollo", dice el patriarca.
"Tomamos de verdad todas las medidas que nos han dicho y no salimos de casa", añaden. Los adultos cortan leña, limpian las chabolas y los coches, lo que pueden sin salir del poblado; y los niños "ya tienen gastados los lápices de colores de tanto dibujar". "Esto de estar en casa ya sé que lo hacen por nuestro bien pero además del miedo a la enfermedad está la tristeza de estar encerrados. Hay gente enferma de los nervios que lo está pasando muy mal, no hacen más que llorar", añaden.
Los habitantes de A Pena insisten en su agradecimiento al concello y a Cáritas por su apoyo.
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