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Ramón Santamarina, de Ourense a La Pampa argentina
De nuevo el discurso de salvemos el rural choca con la realidad. Es difícil vivir en zonas que no son urbanas cuando los servicios para la población se recortan o se suprimen cada día, entre ellos las oficinas bancarias, que echan el cierre.
Una información de La Región resume que los grandes bancos aumentan los beneficios mientras cierran sus oficinas. En un año se suprimieron diez sucursales reduciendo la atención presencial también en la ciudad y en las villas.
El proceso es imparable desde hace décadas y nos imaginamos que no habrá en el horizonte medida alguna que detenga esta sangría, a salvo de parches como que se pongan cajeros automáticos de quita y pon en algunos pueblos.
Ya hemos comentado en otras ocasiones y reiteramos hoy: cierre de oficinas bancarias, de cuarteles de la guardia civil, concentración de servicios médicos en grandes entidades de población, clausura de aulas de educación y otras muchas carencias más van en la dirección contraria a la recuperación del medio rural que prometen y no cumplen los políticos. Así las cosas, el último que apague la luz.
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