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Darío López es titulado por la Escuela de Arquitectura Técnica de la Universidade da Coruña y ejerce desde hace más de veinte años como Técnico de Urbanismo en el Concello de Ourense, con inicio en la profesión en 1996 en la empresa privada de la construcción y en la profesión liberal. Durante los últimos 17 años ocupó diversos cargos en el Colexio Oficial da Arquitectura Técnica de Ourense. Y en 2020 asumió la presidencia de este ente colegial con sede en la ciudad de Ourense. Ahora se ha convertido en el nuevo presidente de los aparejadores gallegos.
¿Cómo se siente en su nuevo cargo?
Es un orgullo representar al colectivo del que formo parte. Espero y deseo que esta presidencia redunde en el beneficio de todos los colegiados y de la ciudadanía, que es a quien servimos.
¿Qué retos se pone?
Lo primero: que recale en la sociedad la labor que hacemos los arquitectos técnicos por ellos. Quiero que la gente no nos vea como algo obligatorio, sino como algo necesario y que vela por sus intereses. Que se nos vean como alguien que les ahorra dinero y les facilita las cosas. La manera de hacerlo es estar más en el día a día, en la calle, y siendo muy insistentes en el mensaje.
¿Qué es un arquitecto técnico?
Un experto en la construcción. Somos los que trasladamos a la realidad lo que proyecta un arquitecto. Pero bueno, hay muchas opciones de trabajo siendo aparejador. La función principal es la de dirección de ejecución de las obras, pero también hacemos de tasadores, estamos en la administración pública… Hay muchas salidas.
Es presidente de los aparejadores ourensanos desde 2020. ¿Cómo está el sector en Ourense y en Galicia?
Esta es una profesión sin paro. Por desgracia, tenemos más trabajo del que podemos asumir. Nos llaman muchas empresas pidiendo una formación como la nuestra. Es una formación muy versátil, ya que dominamos materiales, cálculo de estructuras… sabemos un poco de todo.
¿Hay cada vez más o menos aparejadores?
Hubo una crisis importante en la universidad hace unos años. La crisis de la construcción en 2008 derivó en una caída en las matriculaciones de los aparejadores. Ahora estamos remontando y se están cubriendo las plazas en las universidades, pero hay un vacío temporal importante.
Ahora el crecimiento parece más estable que entonces. ¿Sigue haciendo falta que la gente se matricule?
Por supuesto. Yo creo que el crecimiento está siendo más sólido. Está habiendo más matriculaciones, pero no es un bum, crecen de forma controlada. Lo importante es mantener el equilibrio entre la oferta y la demanda.
Decía hace años que la rehabilitación es el futuro de la construcción. ¿Mantiene esa afirmación?
Totalmente. Acabamos de realizar una formación con más de 100 colegiados sobre los fondos Next Generation en materia de rehabilitación energética. Hay que aprovecharlos y estamos poniendo mucho empeño en formar a nuestros colegiados.
Mencionaba también el concepto de “aparejador de cabecera”. ¿Cuál es su utilidad?
Es un símil con los médicos de cabecera y se trata de que una misma persona lleve el seguimiento de una obra. De esta forma se puede actuar de manera preventiva y no a posteriori. Los edificios van envejeciendo y necesitan unos controles y pequeñas actuaciones que son cada vez más necesarias con el tiempo. El aparejador de cabecera se encargaría de hacer un programa de todas las actuaciones necesarias en el medio y largo plazo. Esto evitaría muchos problemas serios.
¿Cuáles son las obras más frecuentes en un edificio?
Todo lo que está en contacto con el exterior hay que revisarlo anualmente porque puede acumular suciedad, está expuesto a las inclemencias meteorológicas… Eso es lo más habitual. Después, las instalaciones, que muchas veces quedan descuidadas porque van ocultas. Los propietarios suelen olvidarse de su mantenimiento y los controles son muy productivos a la larga.
Para el desarrollo urbanístico de una ciudad es indispensable tener un PXOM actualizado a los tiempos. ¿Espera que este sea, al fin, el mandato del PXOM?
Hablo por el colectivo de la construcción. No se puede dejar pasar más tiempo. Llevamos con un plan del año 86 desde la anulación del de 2003 y no se puede esperar ni un minuto más. La gente que tiene que invertir en nuevas empresas tienen que tener una protección jurídica que ahora no hay en Ourense. Es fundamental también para la obra nueva, ya que cada vez hay menos suelo. Es conveniente que haya nuevas promociones y más posibilidades de inversión.
Otra de las quejas habituales es la tardanza en la concesión de licencias.
Es un problema que hay en Ourense, pero también en el resto de España. Es un problema muy generalizado. Deberíamos de analizar este problema desde un punto de vista más elevado y buscar una solución para que el proceso sea mucho más ágil. No es normal que una persona tenga que esperar un año para poder abrir un negocio. Tiene que haber control, está claro, pero entre una cosa y la otra hay un término medio.
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