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La Rosa de Jericó es la ourensana Charo Parral, una vidente atípica y confinada como el resto. Abrió la primera tienda esotérica de Galicia hace 32 años en las galerías de Santo Domingo. Salta el contestador del chiringuito: “Como sabéis, tenemos que estar 15 días cerrados. Si necesitas algo, llama al 6… Y te atenderé aunque sea desde casa”. ¿Qué clase de pitonisa deja su móvil personal al personal? El número no huele a sablazo en la factura. Lo sabré pronto. Charo Parral se sincera: “¿Qué quiere saber la gente estos días? Que si vamos a salir de esta. Yo les digo: 'Mujer, claro que vamos a salir'. Pero es como una cosa más de amistad con las clientas, no echo las cartas”. La videncia en tiempos del coronavirus es, en palabras de esta ourensana, “un follón”.
Clienta es la primera palabra de la jerga vidente. Siempre clienta. La segunda es el significado de trabajo, diferente en este ámbito. “Está siendo muy complicado porque yo hago rituales de magia blanca para el amor, la pareja, la salud… Un trabajo lo hago yo y otro la clienta. Pero a las clientas se les está acabando el carbón, el incienso y las velas y yo no puedo ir a la tienda a por el material. Si una persona está haciendo un trabajo, yo hago mi parte y la de ella. Es un follón, un lío”. El confinamiento es lo que tiene. “Tengo miedo de acabar con el material y que no pueda ir a por más”.
Charo Parral es autora del horóscopo de La Región. En tiempos de confinamiento, este chollo también se ha visto trastocado. Predicciones típicas como que Cáncer se va a enamorar de Tauro por la calle, imposible. Parral anda con ojo. “Claro, claro. Eso no sale. Yo lo soluciono. Por ejemplo, pondría: 'En un futuro cercano…'. Sino la gente dirá que el coronavirus me afectó a la mente, que estoy loca”. Lo siguiente ya es palabra de La Rosa de Jericó: “Estoy muy sorprendida porque en el tarot no me salen esas cosas, o sea que no tengo que cambiar mucho el horóscopo”. En la rutina tiene un papel importante su marido: “Él me pasa al ordenador el horóscopo”.
Cuarenta años dedicados a la videncia dan para mucho, para historias bonitas y también muy dramáticas. Antes de que el consultorio telefónico parezca el mío, Charo Parral menciona sus inicios: “Le regalé un libro a una amiga que le gustaba mucho el tema de las cartas. Luego ingresé en la residencia y me compré una baraja. Le echaba las cartas a las enfermeras y parecía aquello un consultorio. Entonces cobraba dos flores por persona y aquello parecía un jardín”. Ahí dejó de estudiar las oposiciones para administrativa. “Cuando me dieron el alta le dije a mi marido: ‘Voy a cobrar y ya verás como no viene nadie”. Pero fueron. “Ahora ya me tenía que haber jubilado, tengo 73 años pero es un trabajo que me gusta. He ayudado a gente y he hecho muchas cosas que no tienen nada que ver con el negocio”. Ahora, palabra de La Rosa de Jericó: “Más que saber del futuro, necesitas desahogar el presente. Las cartas a veces sí hacen falta”. Se despide Charo Parral, que pasa el día haciendo mascarillas solidarias.
-¿Y a usted quién la escucha? -A mí nadie. Mis problemas son íntimos. No puedo.
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