Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
Democracia togada
CAMPO DO DESAFÍO
Navalia, la feria internacional más importante de la industria naval, ha clausurado en Vigo varias jornadas de encuentros empresariales y acuerdos comerciales que contribuyen a impulsar, en primera instancia, el crecimiento de la economía del litoral. El récord de expositores y superficie dispuesta en el recinto ferial vigués, ha evidenciado el salto cualitativo que la inversión en defensa está procurando al sector, así como la diversificación de la industria, no solo la tradicional viguesa relacionada con el mar. Galicia sigue construyendo y botando barcos, añadiendo ahora un renovado tejido empresarial que apuesta por la especialización en maquinaria auxiliar instalada a bordo y en tecnologías aplicadas de última generación. El momento brillante que vive la industria naval gallega, el mejor de su historia, es reflejo del dinamismo y madurez del sector. Dado tantas veces por enfermo terminal, el naval vuelve con renovadas fuerzas de la mano de la innovación, la competitividad y la especialización. La industria naval gallega, sin dejar de realizar tareas intensivas en mano de obra, es hoy un frenético laboratorio tecnológico que incorpora alto valor añadido, favorecido también por los encargos del Estado a Navantia en Ferrol.
Los economistas más sensibles a las cuestiones sociales, a la redistribución de la riqueza y al papel necesario del Estado en el impulso de determinadas acciones estratégicas, de Dani Rodrik a Antón Costas, vigués de Matamá, bendicen y predican esta imprescindible colaboración público-privada. Europa no puede quedar inerme ante el fabuloso apoyo público de Estados Unidos a su industria y empresas tecnológicas o el de China, al dirigir inversiones del Estado para favorecer determinados sectores exportadores y estratégicos. Europa está empezando, perezosamente, a tomar las riendas de su destino, también el industrial. El Informe Draghi de 2024, insta a la UE a realizar un vigoroso y sostenido esfuerzo por la industria y la defensa, que debe comprometer casi un billón de euros adicionales anuales hasta 2029. Todo ello con la vista puesta en recuperar la competitividad perdida, frente a Estados Unidos y China, y lograr la invocada “autonomía estratégica”.
Galicia avanza, sí, diversifica y moderniza sus sectores de actividad, más de lo que los propios gallegos somos conscientes, si bien este avance no se produce de modo equilibrado en todo el territorio, centrándose en la franja litoral, de Ferrol a Tui. El interior permanece vacío, inerme, sin estrategias reconocibles capaces de cambiar el rumbo. Es imprescindible apelar a la intervención de los poderes públicos. La Xunta de Galicia dispone de amplias competencias para corregir los desequilibrios y déficits del desarrollo regional. La Galicia interior no debe ser un mero espectador de los logros de la costa, además de su desinteresado proveedor de ahorro y mano de obra, ahora también cualificada.
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