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CONCELLO DE OURENSE
El eterno bucle en el que vive la política local ourensana no lo rompe una pandemia, una crisis económica, el aniversario del primer año del nuevo bipartito, la cercanía de las autonómicas o llevar, como este jueves, el pleno al Principal. Se puede jugar con la imaginería teatral y decir que Jácome tiene ahí un hábitat más adecuado que el Concello o proponer que el próximo pleno se celebre en Benposta. Qué más da: en el fondo, todos acabarán golpeando al prójimo con la herencia de Cabezas o de Paco Rodríguez, la resaca del traspaso de Araújo a Cs, las –poco secretas– negociaciones de Rafa Villarino y DO en 2019 –pre y post 26de mayo– o la memoria de Sánchez Vidal: Jácome recordó su dimisión por el caso de los paneles –por el que fue absuelto–, el portavoz del BNG, Luis Seara, llamó "impresentable" al alcalde y este terminó acusando al nacionalista de estar en el Orellas cuando mencionó al fallecido y preguntándose si no se puede criticar a un muerto, –"ni siquiera a Rubalcaba"–. Con tanto lío, y 18 puntos del día, el primer pleno presencial del covid batió el récord de duración de la historia del Concello –casi nueve horas y media, como verse la trilogía entera del "Señor de los Anillos"–, destilando la misma imagen de fin de ciclo que la sesión de investidura hace ahora un año, una sensación que logra estirarse mes a mes. Al margen queda dar luz verde de forma unánime a los 20 millones en ayudas a los autónomos, cacareadas y vendidas su piel antes de firmar ni un papel por el alcalde pero no por ello menos demandadas, la aprobación –también de todos los grupos– de los pagos a proveedores, el primer paso para el nuevo autobús urbano y un recuerdo al alguacil José Corbal, extendido al resto de funcionarios jubilados. El resto fue poco más que ruido.
La maratoniana sesión –el ejercicio de resistencia municipalista pareció un homenaje agónico a "Danzad, danzad, malditos", con las caras de los ediles desencajándose poco a poco– no alumbró nada que no se barruntase de antemano. Que el urbanismo –y la política de personal y las concesiones municipales– es motivo de fricción latente entre los socios de gobierno. Que Jácome sigue llamando Vilariño a Villarino e interviene pensando en los highlights para sus redes –"llamaremos al PXOM 'pelotazos free", "Nos acusan como en la película de Tom Cruise –se refería a 'Minority Report'–, dicen que seremos corruptos en el futuro". Que el viejo bipartito PSOE-BNG sigue alimentando nuevas excusas. Que en la oposición faltan ideas para atornillar al gobierno.
La primera parte de la sesión se resume con la oposición votando a favor de las modificaciones para pago a proveedores –denunciando problemas de gestión, que fueron respondiendos por la edil de Facenda, Ana Morenza, recordando (da igual cuando leas esto) al bipartito–, los avances del autobús y la luz verde a los 20 millones para los perjudicados por el covid-según calcula Jácome, gastarán unos"12 ó 14 millones" y se espera empezar a dar en septiembre-. La oposición respaldó "por responsabilidad", pero cargó contra el alcalde por jugar con las expectativas. "Es una busqueda esquizofrénica de titulares", le espetaron. Por si acaso, él ya había dado otro: “Somos los que menos burocracia vamos a pedir para las ayudas de toda España”. Ahí queda eso. "Mentira", había clamado Seara cuando el regidor se arrogó ser pionero. Villarino lo acusó después de copiar las bases técnicas de Lugo. "El rollo técnico muchas veces es un copia y pega. Lugo y Ourense son como las de Valencia", tranquilizó el regidor antes de señalar, en plan CEO, que lo "importante cuando tienes una idea es manifestarla".
Morenza dijo que Araújo tenía un día "metecaquita". Este había pedido una defensa del PP a Cabezas –en el banquillo– y acabó discutiendo con otro exalcalde, Jesús Vázquez, después de rajar de Feijóo y denunciar la supuesta mala gestión del albergue –defendida por la edil Eugenia Díaz Abella, que pidió respeto "a alguien al que voté infinidad de veces"–.
La segunda parte del pleno discurrió en un clima semielectoral y con la sensación de irrealidad que muchas veces desprenden las discusiones plenarias . La reforzó Jácome recordando que las mociones no son vinculantes. Después de siete horas –"y subiendo", como se felicitó tras batir el récord de duración–, ese comentario era casi una provocación. A esas alturas, unos decían buenos días y otros buenas tardes, mientras subían, bajaban, se iban a tomar algo y volvían despistados. Por ahí irían desfilando la derogación de la Ley Montoro (del BNG, aprobada de forma unánime), la defensa de Alcoa (PP-DO, aprobada con abstención del BNG) o la supresión de trenes nocturnos (PP-DO, aprobada de forma unánime). Cs presentó una propuesta de plan recuperación. "De folio y medio, con letra pequeñita", detalló, analítico, Jácome. Fue aprobado, a medias. Mientras, el PSOE pedía una comisión para investigar las residencias privadas en el covid. Villarino pidió al gobierno talla moral (votó en contra, acusándolo de jugar con el dolor de las familias) y también para pedir fondos a la Xunta para la crisis (rechazada por el bipartito, que defendió el papel de Feijóo). Cs reclamó en una moción (rechazada) sensibilidad con la cultura, que serviría para visualizar la situación del Auditorio, sin técnicos porque la concesionaria del servicio está en ERTE. "Lo que tenemos que municipalizar es la casa de acogida y no el fútbol", clamó la edil del PSOE Concha García Lozano en la moción del BNG (rechazada) sobre más apoyo para las entidades del tercer sector. Una "falacia de falsa analogía" según Jácome, que un poquito después, cuando Seara le preguntó por su repentino interés por el fútbol , en contraposición a su posición en la disolución del CDO, dijo que en ese momento no era concejal –"¿Qué iba a hacer yo"?". En 2014 llevaba ya tres años en el Concello.
Jácome estaba tan cómodo en su rol que llegó a coger el móvil mientras presentaba Araújo una moción –dijo que era el banco por la extra de los funcionarios–. Empezó pidiendo contención para no alargar el pleno –no sirvió para mucho, en parte por su intervencionismo– siguió reconociendo que no iba a cumplir su programa –"gobernamos en coalición, es un mix"– y acabó convertido en presidente de la comisión de fiestas –"Suba al escenario, señor Seara...", "y ahora, el gran Caride". Con el micrófono, y antes de decir que en la banda de música muchos"no sentían Ourense", lucieron sus cambios de apellidos: Araúxo, Vilariño, Abellá o Ruth Beitia a Ruth Rheza –luego le acusaría de una "falacia estadística... está claro que no tienes ni idea del 'show bisnes"–. "No te alargues mucho que empatamos con la verbena", espetó después a la edil Rosa Martínez. Igual es lo que hay que probar para soportar todo esto.
Jácome y los bomberos: “el 99 % mataría por un empleo como este"
Los bomberos se concentraron pidiendo soluciones al alcalde por falta de material y medios. Criticaron la falta de atención del regidor, que tras reunirse con ellos en julio del año pasado no volvió a tener diálogo. Ya en el pleno, Jácome lanzó una pulla: "El 99% de los ourensanos mataría por un empleo como el de los bomberos".
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