Obituario | Honorato Losada: bondadoso y luchador

Obituario

Honorato Losada Zorelle
Honorato Losada Zorelle

Cuando en 1987 me ofrecieron dar clases en el colegio P. Feijóo Zorelle sustituyendo a don José Quintas nunca me imaginé que la experiencia iba a ser tan positiva. Y lo fue y mucho. Porque me encontré con un colegio cuya fama no correspondía con la realidad. Allí era una verdadera familia en la que todos tirábamos por el mismo camino.

Una familia cuyo padre de siempre era don Antonio Zorelle, que logró de manera eficaz transmitir a sus sucesores un espíritu que no consiguen todas las leyes de enseñanza.

Recuerdo que al poco de llegar una familia amiga me pidió que hiciese lo posible por admitir allí a un alumno de uno de los “mejores” colegios de la ciudad porque suspendía todas las asignaturas. Se lo dije a Tito y al final en la selectividad obtuvo grandes notas.

Esta es una virtud que Tito Zorelle y su tío lograron introducir en este colegio: admitir a todos y nunca dejar a nadie fuera. Recuerdo como don Antonio Zorelle los fines de semana daba clases a los más atrasados.

Pues bien, este espíritu logró Tito inculcarlo a todos los que formábamos el claustro. A todos acogía, a todos ayudaba y a todos impulsaba en su empeño de aprobar el curso. Y es curioso porque Tito tenía un gran sentido del humor que compaginaba con su timidez. Pero allí estaba él y su incondicional y luchadora Angelita, su esposa, entregados día y noche.

Era toda una familia con los mismos ideales. Los padres de Tito, Cristalina y Jesús, echaban siempre una mano y él, como director, luchando siempre por llevar y modernizar el colegio.

Cuando pretendí hacer una capilla Tito fue el primero en ayudarme e incluso comprar en Zaragoza la figura del Cristo que la preside. Porque el director era persona que siempre compartía las ideas e ilusiones de cuantos trabajábamos allí.

Y digo que es curioso porque su timidez iba con él siempre. Hace muchos años le acompañé a la clínica de Navarra por una dolencia que a él le abrumaba. Después nada pasó pero nos costó a todos animarle. En mi última visita a Ourense fuimos a cenar los dos y me emocionó cuando me contaba sus planes sobre el colegio.

Descansa en paz querido Honorato y que la tierra te sea leve porque lo merece tu espíritu luchador y tu afán de ir a más siempre. Que este sea el consuelo para tu gran esposa la aragonesa Angelita y para tus tres hijas. A las cuatro igual que a todo el claustro, y a tantos amigos de inolvidables momentos, les queda tu vivo ejemplo. Yo nunca olvidaré aquella experiencia.

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