LA NUEVA OURENSANÍA

Oleksandra Serhiienko, interpretando en Ourense una nueva vida feliz lejos de Ucrania

Apodada Sandra entre sus amigos ourensanos de pura cepa, Oleksandra Serhiienko comparte su corazón dividido entre Ucrania y estas tierras, con el don de la palabra y una sonrisa amiga que camufla una muy contenida emoción

Son las cuatro de la madrugada. Oleksandra Serhiienko (Izmail, 1989), Sandra aquí para los amigos, está cantando una nana a su hija pequeña en la cuna. Es invierno en Odesa y hace días que anda con el runrún de una escalada bélica en su país que nadie acababa de creerse. “¿Como es posible una guerra cuando vivimos en Europa?”, opinaba la gente esos días, según Sandra. “Yo estaba preparada, no sé el motivo”, confiesa. De repente un estruendo inconfundible se hace oír en el cielo. Mira el móvil, la casa duerme, no hay noticias todavía del suceso. Se debate Sandra entre hacer no sabe bien el qué o seguir durmiendo. Opta finalmente por lo segundo. “¿Adónde voy a ir si hay guerra en todas partes?, decidí no despertar a nadie, necesito fuerzas mañana”, concluye. Sin palabras deja el relato del estallido de una guerra desde un escenario cotidiano, no se acierta a usar una palabra para describir la sensación.

 “Al estar cerca de la UE no les tocan mucho, pero a veces no tienen electricidad”

“Supermercados, gasolineras vacías, la gente moviéndose, soldados de repente, el 23 de febrero nada y el 24 la guerra preparada y toda lista”, explica Oleksandra que al día siguiente se desata la locura. Cuenta que un amigo, capitán de un barco militar les llama para pedirles que vayan a ver a su mujer con la que no consigue establecer contacto y que juntos conviven unos días. “Tomad las llaves de mi coche e iros lo antes posible con ella y mi hija”, les suplica el marinero que sabe mucho más de lo que dice.

De vacaciones

“Decidimos pensar que nos íbamos de vacaciones, era más facil”, resuelve una madre que no sabe ni por dónde empezar la maleta en tales circunstancias. Al volante de un coche ella, en otro su marido, cruzan la frontera por Rumanía tras una visita fugaz a sus padres en Izmail, que allá quedaron. “Mi padre trabaja para el gobierno y aún no se puede jubilar”, explica. “Al estar cerca de la UE no les tocan mucho, pero a veces no tienen electricidad”, aclara cómo afectan los ataques rusos a las centrales ucranianas. Veintiún días ruedan errantes cruzando países hasta llegar a Galicia, y aquí siguen “de vacaciones casi dos años”, ríe Sandra el final feliz de una gran desgracia. 

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“Un montón de gente amable nos ayudó en la frontera”, narra que en Rumanía les dejaban segundas viviendas y les ayudaban con alimentos, ropa o  asesoramiento en temas como la sanidad. “Salimos de Ucrania sin juguetes, yo entendía que no había lugar para eso, pero allí tuvimos más que en casa”, se le saltan las lágrimas con el recuerdo de tanta solidaridad.

"Salimos de Ucrania sin juguetes, yo entendía que no había lugar para eso", afirma Sandra sobre la marcha del país por la guerra

“En el oeste y sur de Ucrania se hablaba mucho ruso, porque era la parte de la Unión Soviética, y estaba prohibido el ucraniano, y hoy pasa al revés, cosas de la política, todos los idiomas son bonitos en su forma”, razona. Oleksandra es profesora y traductora de unas cuantas lenguas, entre ellas el español. Eligieron este rincón del mundo porque contaban con unos amigos en Vigo que les facilitan unos apartamentos de uso turístico en temporada baja. Llegado el verano tuvieron que repensarse de nuevo la vida. “En España es casi imposible alquilar algo sin tener el contrato de trabajo”, contaban dos meses en el país y fue gracias a Accem y Provivienda, oenegés que ayudan a regfugiados y migrantes, que consiguieron su actual casa.

La eterna turista es hoy vecina de la zona del Barbaña, donde vive con su marido y dos hijas y se siente perfectamente adaptada. Trabaja en remoto con una agencia con sede en Madrid y domina nuestro idioma además del ucraniano, ruso, alemán e inglés. “Hago de intérprete en entrevistas con personas que no hablan español, les ayudo a entenderse”, explica. Colabora también de forma voluntaria con músicos de su país, entre ellos la banda Kalush, que ganó Eurovisión en 2022, y Alyona Alyona Jerry Heil, que se presentó este año. “Es mi contribución, ayudarles a que todo el mundo sepa sobre mi país y que la guerra continúa”, comenta.

“Mejor que su padre”, dice sobre el español y el gallego de sus hijas que están cada dos por tres durmiendo en casas ajenas. “¡Las tetas!”, revela conocimiento sobre nuestros cantores y músicos locales.

“Моя хата з краю, нічого не знаю”, que suena “moya khata zkrayu, nichogo ne znayu”

Está Sandra integradísima en Ourense rodeada de los nuestros de pura cepa. Todavía no probó el cocido, aunque conoce bien el pincho de “orella”, pero ay cuando habla de gastronomía ucraniana, parece todo potingue delicioso, y más bonito suena acompañado de sus tradiciones. “En Ucrania nunca devuelves un plato vacío”, comparte sobre una costumbre de su tierra. Cristiana ortodoxa en lo cultural reconoce que también allí asimétricamente “envejecen las tradiciones”. “Моя хата з краю, нічого не знаю”, que suena “moya khata zkrayu, nichogo ne znayu”, comparte en su lengua el proverbio del esto no va conmigo, y recuerda Sandra el sálvese quien pueda impera ahora en su país.

“No veo ningún matiz que nos pueda hacer pensar que las cosas acabarán pronto”, opina Sandra a la que le corre un bichito por su pelazo y ante el socorro dice entre risas “no tengo miedo a las arañas”. Como para tenerlo.

“Vas tras problemas en tu vida pero llegas a la estrella que quieres”, a través del esfuerzo viene el triunfo, sus palabras magia pura

“Incluso yo pensaba en 2014, no me afecta, es en otra parte de mi país, y ahora entiendo que sí, que le toca a todo el mundo”, refiere Sandra a 2014, la anexión por parte de Rusia de Crimea y su sueño de una paz mundial en la que todos podamos vivir seguros. “¿Sabes que en estos momentos hay cincuenta guerras en el mundo?”, pregunta. El nombre de su hija significa amor. “Liubov, liubov’, love, liebe, amor”, nos deja pampos con el término en cinco idiomas como colofón final a la entrevista, que también incluye una cita en latín. “‘Per aspera a destra’”, dice sobre sí misma. “Vas tras problemas en tu vida pero llegas a la estrella que quieres”, a través del esfuerzo viene el triunfo, sus palabras magia pura.

“Mi corazón está dividido en dos partes, una vive aquí feliz, y otra está en Ucrania donde todo está destruido, donde mis padres son como pájaros enjaulados”, resume esta frase la idiosincrasia del hoy de Oleksandra que de lunes a domingo se levanta, lee las noticias, y formula al teléfono una pregunta que se repite día tras día. “¿Mamá todo bien?” Mientras la respuesta siga siendo sí, descansa Serhiienko y continúa Sandra la vida.

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