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El peligro de los “justicieros de balcón"

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El peligro de los “justicieros de balcón"

Si algo ha enseñado esta pandemia es la capacidad de los ourensanos para ser solidarios. Pero también ha destapado la cara oculta de unos pocos. "Le tengo más miedo a alguna gente en su terraza que al virus", resume un trabajador 

Cuatro semanas de confinamiento dan para mucho y han destapado en la provincia de Ourense una ola de solidaridad sin precedentes. Al mismo tiempo que crece esta cooperación, se ha destapado también un controvertido perfil de ciudadano, el denominado "justiciero de balcón" que, desconociendo las motivaciones o necesidades de gente que atraviesa las desiertas calles ourensanas, se dedica a proferir insultos y amenazas a los que transitan por ellas. 

"Tengo que volver a casa andando desde el trabajo, y son cinco kilómetros de ida y cino de vuelta", explica Joel Rodríguez Taboada, que confiesa que "a veces tengo más miedo de la gente que del virus, de que me tiren cosas o algo". De momento, las acciones se han quedado en "gritos por la calle", e incluso subió un vídeo a sus redes en ruta hacia el trabajo para demostrar que tiene que hacer ese trayecto para ir al trabajo.img-20200408-wa0106-1-_resultado

Los que algunos han acuñado como "chivatos de balcón" asustan a trabajadores que cumplen con sus obligaciones. "Cada mañana voy tenso a trabajar, no llevo nada que me identifique y la gente mira un poco raro y desafiante, tengo compañeros a los que sí les han dicho algo", confiesa un trabajador de una oficina de la avenida de Portugal. 

Estos días afloran miedos: "Cada mañana voy tenso a trabajar, no llevo nada que me identifique"

En la Guardia Civil, reciben de media entre 20 y 25 llamadas denunciando el presunto comportamiento irregular de sus vecinos. ¿Pero cuáles de ellas son ciertas y cuántas no?

Algunos de ellos actúan estos días azuzados por alcaldes de diferente signo, que animan sin cesar a denunciar aquellas actitudes "sospechosas", aun desconociendo con exactitud las motivaciones que la gente pueda tener en todo momento, creando una especie de presunción de culpabilidad. "Yo me vine para el pueblo en cuanto sabía que cerraban mi empresa forzosamente, cogí el coche en el garaje de mi piso en la ciudad y me vine a Amoeiro, no molesté ni hable con nadie. Hablo solo con mis vecinos a través de la verja y no he tenido relación con nadie, ¿soy un delincuente?", se pregunta sorprendido un vecino, que confiesa que "prefiero ir al supermercado a la ciudad para que nadie me diga nada. Las casas están todas ocupadas, parece verano, pero nadie sale de ellas". 

"Estuve hablando apenas un minuto con mi vecina en la calle y rápidamente desde un balcón empezaron a increparnos, a veces la gente pierde la cabeza", asegura un vecino del barrio de O Couto.

El riesgo del desconocimiento

Las actitudes inquisitoriales de algunas chocan con el raciocinio y el deber de cumplir el confinamiento María Teresa García pasea todos los días con su hijo 15 minutos, como le permite la ley a las personas con trastorno de espectro autista. Alguna vecina ya le requirió información desde el balcón. "Muy educada, eso sí. Pero me preguntó su yo podía pasear y le expliqué la situación. A veces la gente juzga sin saber", relataba.

Las redes sociales se han convertido en el refugio de ciertas personas que intentan señalar a algunos vecinos mediante fotografías hablando con otras personas. "Aquí, de cháchara de buena mañana", criticaba una de las usuarias mostrando una instantánea de dos personas en una céntrica calle de la ciudad. 

Otra usuaria recluida desde su balcón grababa a dos personas en la esquina de una calle de Ourense y afirmaba que estaban "incumpliendo la cuarentena", al tiempo que remitía las imágenes a la cuenta oficial de Twitter de la Policía Nacional. 

Algún concello pide a sus vecinos que se denuncien entre ellos, lo cual genera tensiones en el rural

De burlar a la Policía a "chivarse"

¿Cuáles son los límites? SocialDrive, una controvertida aplicación usada por miles de conductores para avisar de radares y controles de tráfico, se ha reconvertido en la provincia de Ourense. Por un lado, para facilitar información social sobre áreas de servicio a transportistas, por otro, en reflejo de las partes más oscuras de la sociedad COVID –irónicamente, una aplicación usada para saltarse las normas es empleada para avisar de posibles infractores–. Es uno de los rincones favoritos para que los "vigilantes de balcón" vuelquen sus iras sobre vecinos, en escenas que a veces  muestran el peor rostro de algunas personas, más que lo que lo que piden las autoridades  sanitarias, que no es más que la propia responsabilidad. "Gente de Allariz sin cumplir cuarentena". Ese era el aviso que poco antes de las seis de la tarde podían recibir en sus teléfonos los centenares de ourensanos que usan una aplicación que, curiosamente, usan en otras ocasiones para burlar controles policiales. Vivir para ver. "Avenida de As Caldas, gente incumpliendo cuarentena", "gente por Carballeda de Avia zona iglesia". Son solo algunos de los avisos que ayer podían leerse en esa red social

Algunos alcaldes han optado por la vía de pedir la colaboración vecinal, animándolos a denunciar ante la Guardia Civil, como hicieron recientemente Trives, Manzaneda, San Xoán de Río o Petín, ante la llegada de la Semana Santa. "Cada día tenemos conocimiento de personas ocupando viviendas que estaban vacías, cada caso lo ponemos en conocimiento de la Gua92443110_678711746266086_4074408377319424000_o_resultadordia Civil y también pedimos la colaboración de los ciudadanos para que denuncien en la Guardia Civil", aseguraba uno de los regidores. 

En Leiro, el portavoz socialista manifestaba tener constancia de viviendas que ocupadas por vecinos que las usan como segundas residencias,  pero decía que la gente no denuncia "porque no quiere enfrentamientos con sus vecinos".

El riesgo de las culpas

También hay regidores, como la de Castro Caldelas, que hace unos días sostenía que no era justo culpabilizar a los que habían llegado en un momento dado a su segunda residencia cuando sabían que se iba a decretar el estado de alarma. "O que veu nun momento non se me ocorre culpabilizalo, só ten que gardan a corentena como facemos os caldelaos. Se alguén veu antes, estaba no seu dereito, o que non me gustaría é que o fixeran agora", explica Sara Inés Vega.

Una actitud en la que intentaba evitar una confrontación social que en ocasiones parece condenada a existir. Mientras, los regidores siguen advirtiendo. Este miércoles, la alcaldesa de Xinzo, Elvira Lama, emitió un bando en el que tachó de "temerarios" a los que se desplacen en estas fechas, advertía de multas de "ata 30.000 euros" e invitaba a los vecinos a "cumprir e facer cumprir". 

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