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Crónica
Los domingos vuelven a ser un poco lo que eran. Un día de lo más veraniego dio la bienvenida a las pulpeiras que, más de dos meses después, ocuparon sus puestos a lo largo de la ciudad. Las colas se convirtieron en el reflejo de las ganas con las que los ourensanos esperaban su vuelta. Porque pulpo como el de las pulpeiras "non hai". Esta recepción, el mejor regalo para un sector que se muestra "contento" de poder trabajar.
Virginia González es una de ellas, que colocó de nuevo su puesto en la avenida de Zamora. "Tiña ganas de polbo. Daríavos un bico, pero non podo", le dijo uno de sus clientes habituales. Esta pulpeira, parapetada tras una mascarilla y equipada con guantes, no cesaba en la cocción de los cefalópodos. "Hay mucha costumbre de comerlo los domingos, de ahí el deseo de los clientes por nuestra vuelta", comenta. Mientras los atendía, todos guardando la distancia de seguridad recomendada, recordó el desconcierto que sintieron por falta de permiso para trabajar: "No lo vimos muy lógico, los puestos de comida para llevar abrieron y es lo que nosotros hacemos", afirma Virginia González.
La decisión fue que no vendiesen pulpo como cada domingo y los clientes lo echaron en falta. "Estaba esperando por eles, porque non é o mesmo que facelo na casa", cuenta María Isabel Díaz con sus raciones listas para comer dentro de una bolsa. Sin pulpo no se quedó en confinamiento, pero el resultado no era el deseado: "As pulpeiras fano moi ben", señala. Esto le ocurrió a Pablo González un asiduo cada domingo: "Había muchas ganas. A ver si esto sigue bien y no dejan venir", comenta.
En el puesto de Pulpería Susana, también en la avenida de Zamora, el teléfono no para de sonar: "Ya tenemos 80 encargos", contabilizaban pasadas las doce y media de la mañana de ayer. Los clientes habituales no hicieron otra cosa que recibirlos con los brazos abiertos: "Benvidos! Xa vos deixaron volver!", les dijo una de las clientas. Demostraciones como esta son algo de agradecer: "Es gratificante velos de nuevo y que nos muestren las ganas que tenían de nuestra vuelta", comentan desde la Pulpería Susana.
Las colas crecían con el paso de las horas y los clientes transmitían una idea: "Estábamos deseosos", afirmaba uno al ser atendido. Porque la fidelidad a las pulpeiras quedó demostrada este domingo. "Tenía muchas ganas, soy fiel comprador y aquí estamos", resalta José Manuel López.
José, el pulpeiro de la calle Emilia Pardo Bazán, también volvió: "Xa tiñamos ganas de saír da casa, despois de máis de dous meses", apunta. Su puesto está blindado con cintas para guardar las distancias y, para pagar, el dinero se deposita en una caja. Su manejo es una parte compleja de la atención: "Trato de no cobrar porque después tengo que desinfectarme las manos y luego lavarlas porque manejo el pulpo y puede quedar en el sabor", explica Virginia González.
Los clientes despistados, posiblemente se quedaron sin su ración: "Moitos aínda non saben que xa estamos aquí, pero imos pouco a pouco", afirma José. A su puesto acudió ayer Águeda Diz con un propósito: "No soy una clienta habitual, pero en estos momentos toca ayudar". Mientras, María Álvarez, otra clienta, ve esta vuelta dominical como un indicio de "un pouco de normalidade".
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