Las residencias vencen al virus tras 70 días de intensa lucha

Divino Maestro certificó el alta del último contagiado en una provincia que llegó a tener 323 casos

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Las residencias de mayores de la provincia de Ourense no registran ya positivos en sus instalaciones. Tras los 70 días más difíciles de la historia, la provincia ha conseguido el complicado hito de quedarse sin contagiados en sus geriátricos. Ninguna de las 103 residencias sociosanitarias y las 32 viviendas comunitarias de la provincia tiene casos activos, cuando en los momentos más duros de la pandemia llegó a haber 323 contagiados. A mediados de abril, el 50% de casos en residencias gallegas eran de Ourense y 60 vidas quedaron por el camino. Ahora, quedan cuatro usuarios de residencias ingresados en el hospital, pero no en su centro de origen.

La residencia Divino Maestro de la Fundación San Rosendo fue la que notificó la última alta, una usuaria que llevaba "casi dos meses dando positivo, aunque no había tenido síntomas recientemente" y que por fin consiguió quitar la presión a los empleados del centro y los usuarios, que empezaron a ver el sol. "Los sacamos ya a pasear y a hacer vida normal. Esto ha sido increíble, tras dos meses y medio confinados en las habitaciones lo necesitaban", relata Mónica Pereiro, directora del centro. Ahora, tendrán que se esperar 15 días para empezar a recibir las primeras visitas, como marca el protocolo de la Xunta.

La Divino Maestro, que llegó a tener 45 positivos, simboliza la lucha estos meses. Los 12 apóstoles de la resistencia en ambos bandos aguantaron estoicamente. "Solo quedaron doce residentes sin infectarse y también 12 trabajadores", relata Pereiro. Casi todo el personal consiguió el alta y se reincorporará el lunes. "No puede haber una alegría completa, se quedaron 4 en el camino, no los olvidaremos. Fue algo rápido, dos de ellos estaban bien y de repente se fueron. Es duro", precisaba una de las trabajadoras. Y es que tres de los cuatro murieron en la instalación sin poder despedirse de sus familias: "Eso es lo más dramático de todo, otro usuario falleció en el hospital y tuvieron un momento para verle".

Sin bajar la guardia

Benita Morales, auxiliar geriátrico del centro y una de las que estuvo al pie del cañón toda la pandemia, decía sentirse ayer "como si nos hubiese tocado la quiniela". Ella es la animosa del grupo y nunca tuvo miedo, ni ella ni sus compañeros, pero ahora creen que "por fin estamos a salvo, pero sin bajar la guardia". La incertidumbre fue lo más duro. "Nos pilló sin saber lo que nos iba a pasar, cada día era una noticia nueva, llamadas diarias a las familias...", explica Pereiro. "Ver a una persona que estaba malita, que al día siguiente estaba mejor, y a siguiente volvía a empeorar nos desmoronaba", relata Morales, que asegura que "nosotros también lloramos con ellos cuando estaban malos, le tenemos más cariño que a gente de nuestra familia que casi no vemos".

Durante meses han tenido que redistribuir la instalación en tres zonas distintas, para positivos, sospechosos y negativos: "Pusimos la residencia patas arriba y ahora toca darle la vuelta". No les faltó nada, "no faltó un suero, un respirador ni equipos de protección individual. Tuvimos todo desde el primer momento, solo hay palabras de agradecimiento a la dirección". Ahora, lo importante es que no vuelva el virus: "Y si vuelve, estaremos más preparados".

"Hubo trabajadores que contagiaron a su familia, esto ha sido muy complicado"

"Pensabas en todo momento que te podías contagiar, a ver cómo me levanto mañana, pensaba", relata Benita Morales. "Creíamos que se nos iban la mitad, hay gente de más de 90 años de media, la incertidumbre era total. Pelear peleó todo el mundo, nostros quizás tuvimos suerte, pudo haber sido peor. Pero también mejor, porque los cuatro que se fueron no se olvidan", relata Mónica Pereiro.

El Divino Maestro, ya un símbolo del fin de una era del covid-19, ve imposible saber por dónde entró el virus. En enero y febrero llegaron decenas de visitas de gente de muchas partes de España, muchos de Madrid. Pudo ser cualquiera. También algún trabajador o algún usuario que se contagiase en algunas de las salidas.

"La semana del 20 de marzo empezaron a ponerse malos los residentes y los trabajadores, al mismo tiempo. A partir de ahí cambió todo, la mitad de trabajadores para casa, y los que se quedaron lucharon mucho", agrega la directora.

Los que se marcharon lo pasaron mal. Dos empleadas contagiaron a sus maridos, alguna contagió a su progenitora y la perdió....: "Hubo días muy complicados". n

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