Salvar al soldado Jácome
PASÓ LO QUE PASÓ
Tan alto es el concepto institucional que tienen el PP y el PSOE que han coincidido al menos en algo. Acaban de constituir una nueva agrupación de Protección Civil: su misión es salvar a Jácome.
Salvavidas para el náufrago
De los creadores de "Salvar al soldado Ryan" llega ahora "Chimpad al cabo Jácome". Escriben el guión el PP y el PSOE. Se tienen por partidos antagónicos excepto para pactar las soldadas y los cargos de confianza hasta con el mismísimo diablo. Con lo chusco de su estrategia están lanzando salvavidas todos los días al náufrago de la Casa do Concello. El líder de los socialistas, Rafael Rodríguez Villarino, se ha mimetizado con su rival político, Jesús Vázquez, y ambos se airean los trapos sucios a diario como lo hacen las folclóricas en los programas del género. El del PP, que hace nada perdió alcaldía, tres concejales y un feixe de votos, ha tomado los micrófonos como quien empuña el hisopo para derramar agua bendita. Otro Moisés que quiere separar las aguas del Mar Rojo para salvar a Ourense del yugo de Jácome. Del otro lado, Villarino, desnudo de apoyos hasta dentro de su propio partido, oficia cada día descollantes propuestas. El socialista llevó hace unos días la moción de censura al notario para que se pasase por allí a firmarla quien quisiera del resto de la corporación, sobre todo el PP. Como quien deja los papeles del divorcio para que pase por allí la pareja para ver si está todo fetén. Así se hacen estas cosas en Ourense, con los dos principales partidos dedicándose a cantinflear, verbo que según la Real Academia significa "hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia". Ahí los tienen, haciendo suyas aquellas proclamas del célebre actor mexicano: "Y como decía Napoleón, el que parte y reparte le toca su Bonaparte". A esta gente hemos confiado la administración de aquellos votos dejados en urna en mayo del 2019. Va para dos meses que llevan mareando la perdiz, o imitando a Cantinflas, o escribiendo el guión de "Salvar al soldado Jácome". Como en la película verdadera, esperemos que todo esto valga para algo, que ya lo dudamos. En el film de Spielberg el capitan Miller (Tom Hanks), agotado de buscar al soldado, confiesa: "Espero que ese Ryan valga la pena y que cuando regrese a casa cure alguna enfermedad o al menos invente una nueva bombilla de larga duración".
Se puede donar hasta la cera
Y si no inventa una nueva bombilla de larga duración, que al menos se las ingenie para que las que hay, al menos se enciendan. Con el alumbrado navideño sufrimos una especie de paramnesia: ya no sabemos si lo que recordamos ha sido cierto o lo que se ha producido realmente ha pasado. La Federación de Comercio se puso brazos en jarra y anunció que iba presentar por registro en el Concello de Ourense una petición para que este año no hubiese alumbrado navideño y el gasto se reparta entre los sectores más necesitados. Se pudo haber pedido el mismo destino para el milloncete que cuestan gobierno local y asesores, pero tal vez otro día. Las navidades ourensanas ya son una marca en sí mismas, han ganado ese factor diferenciador de los productos de alta gama. O no es capaz el Concello de contratar a tiempo el alumbrado, o roban el Niño Jesús del pesebre de Jácome, o las carrozas de los Reyes Magos se estropean en plena cabalgata al pasar el puente, o se intenta innovar poniendo a unas Reinas Magas sin depilar. Este año el covid manda parar la cabalgata, confina hasta al hijo de Dios, y todos a casa a pasar una temporada a dos velas. No sé si el coste de la cera, claro, querrá destinarlo la Federación de Comercio al aguinaldo.
Galindo ordena cortar el audio
Manuel Álvarez es un concejal no adscrito, que en el lenguaje del Concello de Ourense es algo así como un hijo ilegítimo o bastardo. Durante años de despendole y telebasura en el juguete del jefe Jácome jugaban a ser una suerte de Javier Sardá y señor Galindo en Crónicas Marcianas. Eran años de excesos, de jugar con el fuego de la política, de conseguir notoriedad a base de desbarres, de comprar el mismo billete de lotería. Hasta que tocó. Luego de los abrazos por la victoria electoral llegaron las ambiciones, sobre todo del señor Galindo, que se convirtió el alcalde. El resto de desavenencias son ya historia. En el pleno del viernes Manuel Álvarez (nos vale Manolo el del Forum) quiso soltar una diatriba contra su íntimo enemigo. "Córtale el audio", zanjó el regidor en un ramalazo autoritario, enseñándole a su antiguo amigo que esa es la verdadera democracia ourensana.
Arriar e hibernar
La hostelería cierra por culpa de la pandemia. Arría la bandera la bandera en espera del izado de la desescalada. Al acto solemne acuden los fieles a abrazarse a la última caña, atándose a la barra incluso para hacer frente al oleaje. Un brindis en el epílogo con una lagrimilla. El sector, como el oso, debe hibernar, pero no todos han comido lo suficiente para aguantar.
Al poner la lupa: orientarse con la mirada del estratega
No es el brillo de su gestión ni su educación la que ciega sus ojos. Es él que mira con desdén a sus exconcejales, esos seres que esquivan la equis de los asientos del pleno, esa equis de tachar la casilla correcta. O incorrecta, quién sabe. Esas equis parecen las cruces de Playa Omaha, la clave del desembarco de Normandía. El estratega, de todas formas, les mira con el desprecio de quien les considera cadáveres políticos. Para él estos versos de Bécquer: "No son los muertos los que en dulce calma / la paz disfrutan de su tumba fría, / muertos son los que tienen muerta el alma / y viven todavía".
El portafolio
Los empresarios se pasaron años llamando pancarteros, piqueteros y alborotadores a los sindicatos. A los políticos, demagogos e incapacitados para el acuerdo. Hasta que perdieron el pudor y, llegando a las organizaciones que les representan, tomaron el discurso de la división y repartieron certificados de bondad. La Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) ha sido un nítido ejemplo de cómo una entidad puede dar vergüenza ajena, aunque también escalones más abajo sentimos a diario la misma sensación. José Manuel Díaz Barreiros, empresario ourensano bien conectado con la sociedad local, quiere ir a Santiago a tomar el timón de una nave que está en los acantilados. Desea ser presidente de la CEG haciendo un aseado discurso lleno de buenos propósitos para conseguir que el colectivo sea más respetable. Tiene capacidad y mimbres intelectuales para conseguirlo. Se supone que habrá medido la profundidad del cenagal en el que se mete a manchar sus lustrosos zapatos. Es de esperar que haya tejido un pacto con las otras provincias para que las elecciones sean un paseo militar. Porque, de perder los comicios, Díaz Barreiros sufriría un rejonazo inmerecido, con secuelas importantes en el amor propio y dejaría a sus enemigos de otras provincias (que los tiene), de nuevo felices.
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