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El temor llega al rural entre llamadas a la calma: “Ninguén é o culpable"

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El temor llega al rural entre llamadas a la calma: “Ninguén é o culpable"

Un supermercado en Beade prohíbe la entrada. (Foto: Xesús Fariñas)
photo_cameraUn supermercado en Beade prohíbe la entrada. (Foto: Xesús Fariñas)
Vecinos y alcaldes insisten en que nadie más se vuelva al pueblo: "Os da aldea tamén temos medo e queremos seguir vivindo"

El temor se instala estos días en el rural, entre llamadas a la calma. "Castro Caldelas ten que aguantar como única persoa porque naide é o inimigo nin naide é perigoso. Todos somos o problema e todos somos a solución". Quien así se explica es la alcaldesa caldelá, Sara Inés Vega, que llama a la tranquilidad y, lejos de querer buscar culpables, pide unidad y, sobre todo, guardar la cuarentena. 

En la residencia de la Xunta en el municipio tienen ya tres positivos. En el concello vecino de San Xoán de Río, el más envejecido de la provincia, donde se solidarizan con los caldelaos, el alcalde, Xosé Miguel Pérez Blecua, lanza un ruego a sus residentes, ya que en el concello no hay carnicería ni prensa, por lo que muchos viajan a la localidad vecina: "A xente que ten que ir traballar obrigatoriamente que extreme as precacucións".

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Son días difíciles en el rural de la provincia más envejecida de España y, por tanto, con mayor riesgo ante la pandemia. Las tensiones entre vecinos existen, sobre todo con aquellos que llegan de otros lugares a su segunda residencia. "Castro Caldelas é un sitio de turismo, o castelo é o segundo sitio máis visitado da provincia. Moita xente ten a súa segunda residencia, en verán quintuplicamos a poboación. O que veu nun momento dado non ten culpa ningunha, non se me ocorre culpabilizalo, só ten que gardar corentena, como facemos os caldelaos. O que non me gustaría é que seguisen vindo agora", dice Vega, que intenta evitar la figura de "apestados", que algunos emigrantes han cogido. 

La baja densidad poblacional de los pequeños concellos los hace atractivos para foráneos con segundas residencias, que aprovechan para instalarse en el rural. Los positivos empiezan a florecer también en las pequeñas poblaciones. 

En la provincia más envejecida de España no están dispuestos, más que nunca, a convertirse en un parque temático. Y más cuando está en riesgo la vida de su población.

Carteles en la puerta

"Puxemos carteis nas portas das súas casas, pedindo, rogando que non saísen das casas. Algún marcharon aos dous días, dicindo que para estar aquí pechados volvían ao País Vasco", relata el alcalde de Vilamarín, Amador Vázquez. "Non era un, dous, nin cinco, foron máis, algún ata quería facer unha comida familiar aproveitando... ", añade. 

En la otra esquina de la provincia, también surgen recelos y miedos. La llegada de emigrantes a la aldea de Portela (Vilamartín de Valdeorras)  no gustó demasiado en ciertos sectores de la población. Lo deja entrever el aviso que ayer podía leerse en el panel de anuncios ubicado a la entrada del pueblo: "Pensa non nosos maiores, pega a volta!".

El alcalde de Vilamartín, Enrique Álvarez Barreiro, afirmó desconocer la existencia del cartel. En todo caso, sí recibió varias llamadas de vecinos quejándose de la llegada de personas procedentes de zonas donde el riesgo de contagio de coronavirus es alto. "Vino gente de Madrid. Yo no puedo hacer nada al respecto", explica Álvarez Barreiro, que estima que la decisión que tomaron los retornados "no procede" y añade: "Quiero pensar que el que viene se confinará en casa y no saldrá. Había que pensarlo antes. Solo pensamos en el rural cuando interesa". Su planteamiento es "duro", confiesa, pero "más dura es para la gente que vive en el pueblo a diario".

“Nós tamén temos medo"

Augusto Díaz reside en O Barco, pero tiene a su padre en Portela. Fue este quien le avisó de la llegada de los emigrantes. Coincide con el alcalde en que "se vives en Madrid, queda alí!". Relata cómo su padre lo llamó y subió al pueblo para llevarle una mascarilla. "Os das aldeas queremos seguir vivindo. Non se pode permitir que sigan vindo de fóra". El miedo a la infección está presente en todas partes. "Tamén temos medo os que estamos no rural. Eu teño moita familia en Madrid e non veñen aquí". 

El positivo de una mujer en Oímbra hace ahora una semana desató la ira de algunos vecinos en las redes. "No entendemos para qué vienen al pueblo, donde hay gente mayor, ¿qué se les pasa la cabeza". 

Hace una semana, Calvos de Randín incluso anunciaba la restricción de paso a cualquier persona de fuera que no se acreditase con un certificado médico, medida que tuvo que retirar al carecer de competencias. Aunque extralimitándose, algún alcalde confiesa que "o que querían facer alío non ía mal tirado. A máis dun gustaríanos facelo". 

Beade, donde ya se han confirmado dos positivos, es el concello más pequeño de la provincia, con solo 6,4 kilómetros cuadrados y 400 habitantes. Su teniente de alcalde, Susana Fernández Pousa, repartía ayer una circular, apelando a la tranquilidad. "Os dous casos xeran, sen dúbida, preocupación", señala Fernández Pousa, que recuerda que se han tomado medidas, se han desinfectado en tres ocasiones los lugares públicos y que los afectados "están gardando a cuarentena e evolucionan favorablemente. Son os días máis difíciles, pero pronto empezaremos a ver resultados positivos e a saír deste pesadelo".

Ayuda para la cuarentena

Mientras, las llamadas a evitar la llegada de gente de fuera de los concellos aumenta. Los alcaldes de Manzaneda y Trives pedían a los que venían de fuera que guardasen cuarentena: "Les proporcionaremos los servicios precisos, pero no salgan", advertían. Lo mismo que el Concello de Chandrexa, muy preocupado por sus mayores. "Xa non tiñan que haber vido, agora polo menos quecumpran o que lles indican", decía una vecina, resignada ante la situación.

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