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La construcción de nuevas infraestructuras o la optimización de las existentes ha provocado importantes mejoras para la movilidad en transporte público. Si en su momento, autopistas y autovías supusieron un importante salto de calidad para el autobús, en los últimos años la apuesta por la modernización de la red ferroviaria está inclinando la balanza de la competitividad hacia el tren.
La ciudad de Ourense, gracias a su posición geográfica, no está siendo ajena a este fenómeno, que vivirá uno de sus momentos clave a partir del próximo 21 de diciembre, cuando se ponga en servicio el tramo de 119 kilómetros de la línea de alta velocidad entre Pedralba de la Pradería (Zamora) y la estación Empalme. El nuevo trazado supondrá un notable recorte de tiempo en las comunicaciones, consolidando al tren como el medio de transporte público que, salvo contadas excepciones, ofrece a los ourensanos los tiempos más competitivos, tanto en lo que respecta a la movilidad en Galicia como hacia el resto de la Península.
La principal excepción, paradójicamente, es una de las ciudades con las que Ourense siempre ha tenido una relación especial e intensa, como es Vigo. La finalización de la A-52 dejó a ambas localidades a apenas una hora por carretera, con los autobuses más rápidos que cubren la ruta en la actualidad ofreciendo la posibilidad de hacerla en una hora y cinco minutos.
Ese tiempo es un 31% más bajo que el que ofrece Renfe con sus servicios, ya sea por la línea del Miño o por el trazado de alta velocidad que se desvía en Conxo y enfila el corredor atlántico hasta la ciudad olívica. Los trenes más rápidos entre Ourense y Vigo superan la hora y media de duración de viaje, algo que no cambiará a corto plazo al quedar la primera urbe de Galicia sin una conexión directa de AVE.
El autobús entre Vigo y Ourense es también necesario si se quiere cruzar la Raia y llegar hasta Oporto. El mejor tiempo para disfrutar de la urbe portuguesa obliga a coger el tren en la ciudad olívica, que tarda casi dos horas y media.
Sin embargo, a la hora de planificar un viaje a cualquiera de las otras ciudades gallegas, el tiempo que ofrece el ferrocarril es insuperable para los autobuses, en algunos casos sin discusión, por los Avant que permiten llegar a Santiago en 38 minutos y a A Coruña en 68. Por otro lado, las malas comunicaciones penalizan a Ferrol, sin un autobús directo desde Ourense, lo que hace “buena” la duración de 2 horas y 34 minutos de los Alvia.
Más ajustada está la elección en el caso del recorrido Ourense-Lugo, aunque también la apuesta ferroviaria ofrece un tiempo algo más reducido.
La inminente inauguración del AVE no supondrá únicamente un salto de calidad en la relación de Ourense con Madrid, sino que esas poco más de dos horas que llevará hacer el recorrido a Chamartín abren un horizonte de posibilidades para llegar a algunas de las principales ciudades de España en transporte público, algo que mejorará todavía más cuando -previsiblemente sucederá en febrero- abra el túnel entre Chamartín y Atocha que permitirá no realizar siempre trasbordos.
Con todo, pese a esa necesidad de cambiar de estación en Madrid, desde finales de diciembre un ourensano tendrá la oportunidad de salvar los 836 kilómetros que separan en línea recta Ourense y Barcelona en poco más de seis horas, estar en Zaragoza en apenas cuatro horas y cuarto o en Valencia en menos de cinco horas. La llegada del AVE a Ourense permitirá también que Sevilla, primera ciudad de España a la que llegó hace tres décadas, se quede apenas a seis horas y media de distancia. Tiempos todos, insuperables por carretera.
Uno de los grandes desafíos es mejorar la movilidad con las ciudades del Noroeste. Un trazado ferroviario vetusto y una red viaria sin desarrollar en su totalidad se convierten en un cóctel que hace que el transporte público no ofrezca toda la competitividad necesaria para ser imbatible.
Así, para llegar de Ourense a Gijón, la combinación más rápida sería subirse en un Avant hasta A Coruña y, desde alli, coger un autobús a Asturias. En total, más de cinco horas y media para culminar la aventura. A León, por su parte, separada de Ourense únicamente por 194 kilómetros, el ferrocarril tarda casi cuatro horas.
Hacia Cantabria o Euskadi, por su parte, existe la posibilidad de utilizar el tren, bajando en Segovia, pero los tiempos son elevados. Más de ocho horas es la mejor oferta para llegar a Bilbao, mientras que a Santander compensa más utilizar el autobús, eso sí, sabiendo que la ruta se prolongará más de siete horas.
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