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Juventud, botellón y covid-19: llegamos mal porque llegamos tarde

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Juventud, botellón y covid-19: llegamos mal porque llegamos tarde

Un grupo de jóvenes en un botellón.
photo_cameraUn grupo de jóvenes en un botellón.
¿Por qué los jóvenes presentan en mayor medida comportamientos de riesgo, incluido el no seguimiento de las medidas sanitarias del covid-19?

A medida que van aumentando los rebrotes de covid-19 en España son muchas las voces que apuntan al comportamiento que presentan una parte de los jóvenes en el botellón como responsables de la propagación de los nuevos contagios.

A pesar de reconocer la existencia de un consumo de alcohol en la mayor parte de los jóvenes que acuden al botellón, para la  opinión pública continúa primando una imagen del mismo como un problema de orden público (ruido, suciedad, problemas vecinales, transmisión del covid) y no como un problema de salud pública. Sin embargo, el consumo abusivo de alcohol entre los jóvenes sigue constituyendo uno de los principales problemas sociosanitarios de España y una de las principales causas evitables de mortalidad prematura, enfermedad y discapacidad. La totalidad de las investigaciones confirman que la gran mayoría de los jóvenes que participan en el botellón consumen alcohol, siendo muy habitual hacerlo bajo la modalidad de atracón o binge drinking con las consecuencias que ello puede acarrear como: alteraciones cerebrales (a nivel estructural y funcional), conducción temeraria, accidentes de tráfico, contagio de infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados peleas y agresiones sexuales relacionadas con la sumisión química. También muestran una mayor probabilidad de desarrollar un posterior trastorno por abuso/dependencia de alcohol en la edad adulta. Igualmente está reconocido como un factor de riesgo en la violencia contra la pareja, escolar y familiar, el fracaso académico y realización de actos vandálicos.

A pesar de todo esto, durante décadas hemos convertido al botellón y el consumo de alcohol en una parte integrante del proceso de socialización de nuestra juventud, algunos cargos públicos incluso abogaron por denominar a los botellones como “espacios de ocio juvenil o cultura juvenil” y  ante la protesta de vecinos crearon los “botellódromos” en las afueras de las ciudades, cometiendo de esta forma una atrocidad sin precedentes en materia de salud pública. Son esas mismas autoridades las que ahora les indican que tienen que ser responsables y deben abstenerse de consumir alcohol en la calle. 

La juventud presenta  un comportamiento aprendido durante dos décadas basado y formado por actitudes y creencias que encuentran en el ocio nocturno su contexto más habitual y que se expresan en forma valores y de imperativos sociales impuestos por la industria del alcohol y parte de la sociedad tales como el hedonismo, el individualismo, la popularidad o el presentismo; y por otro, valores que “los jóvenes deberían tener” como son la amistad, la solidaridad, la tolerancia y la experimentación, entre otras manifestaciones socioculturales y que durante décadas han realizado en España con la complicidad de muchos estamentos.

Pero ¿por qué los jóvenes presentan en mayor medida comportamientos de riesgo, incluido el no seguimiento de las medidas sanitarias del covid-19?

Para explicar esta asunción de conductas de riesgo en estas edades, debemos basarnos en razones de carácter cognitivo (ej. la tendencia a considerarse invulnerable) y en sus limitaciones para el razonamiento probabilístico que le lleva a una infravaloración del peligro derivado de su implicación en conductas arriesgadas. Y, por otro lado, en cuestiones neurológicas, así investigaciones corroboran que el córtex prefrontal, que tiene un papel destacado en la planificación de acciones, la toma de decisiones y la autorregulación del comportamiento se encuentra aún inmaduro y no alcanzará su madurez definitiva hasta los 22-25 años. Y por otro lado el sistema mesolímbico, relacionado con la motivación y la recompensa, que se activa como consecuencia de la implicación del sujeto en actividades recompensantes y motiva al sujeto a la repetición de dichas actividades, mostrando una hiper-excitabilidad en esta etapa debido a los cambios hormonales propios de juventud. Al mismo tiempo, esta forma de pensar suele verse reforzada por sus amistades que suelen mostrar estilos cognitivos similares, y que van a admirar a aquellos chicos y chicas que asumen más riesgos, por lo que la presión del grupo de sus iguales va a ejercer en muchos casos una influencia decisiva. A todo esto, hay que añadir el efecto del alcohol, droga depresora que inhibe el funcionamiento del córtex prefrontal.

Llegamos tarde, porque el principal problema resucitado del covid-19 es que el reloj juega en contra. El mensaje tiene que llegar a los jóvenes en horas y eso, ha quedado demostrado, no siempre se consigue con los medios convencionales (escuela, periódicos, informativos de las televisiones o emisoras de radio). Las campañas a largo plazo no son útiles. Si queremos llegar a la juventud para que entienda que son una importante vía de transmisión y asuman el rol que están jugando en el rebrote hay utilizar los mismos canales que emplean ellos para comunicarse: debemos crear campañas utilizando los youtubers o influencers de moda,  y no solo centrarlo en multas por botellones o por no llevar la mascarilla; esas sanciones las acaban pagando los padres y sobre todo idear, para los infractores y no responsables con el tema, algún tipo de actividad social o trabajos para la comunidad relacionados con los riesgos del covid-19.