Una víctima de atropello en Barbadás pide 116.000 euros por un hombro inútil

ASFALTO MOJADO

Los destellos en el asfalto mojado en un paso de peatones de A Valenzá, Barbadás, cegaron al conductor

Manuel S.V. escucha a la víctima.
Manuel S.V. escucha a la víctima. | M. S.

Cruzar la avenida de Celanova de A Velenzá (Barbadás) bajo la lluvia puede ser una trampa visual. Así quedó patente este martes en la Plaza 2 de la Sección Penal de Ourense, donde se juzgó a Manuel S.V. por atropellar a una mujer en un paso de peatones el 24 de octubre de 2023 sobre las 20,00 horas.

La Fiscalía le acusa de un delito de lesiones imprudentes con vehículo a motor, con una feroz batalla pericial para determinar si el accidente influyó en una dolencia del hombro derecho con pérdida de movilidad. El conductor, que dio negativo en la prueba de alcohol, aseguró que circulaba despacio (“como mucho a 30 km/h) y que la falta de visibilidad le jugó una mala pasada: el asfalto mojado por la lluvia, coches en doble fila y una farola tapada por ramas que, según declaró, cortaron días después del siniestro. “No la vi hasta que le di el golpe”, confesó.

Su versión fue respaldada en cierta manera por dos policías locales de Barbadás, quienes confirmaron que el reflejo de las luces en esa avenida deslumbra a los conductores, haciendo “difícil apreciar a la gente cruzando”, aunque en ese punto el paso está señalizado y es elevado.

El verdadero pulso del juicio se libró entre los médicos por las secuelas de la mujer. La víctima, que antes tocaba en una batucada y ya no puede, relató que el dolor le impide realizar tareas cotidianas como vestirse, asearse o limpiar, y que ni siquiera puede lavarse la cabeza o tocarse los pies.

El forense del juzgado consideró “menos probable” que la inutilidad de su hombro se deba al atropello, escudándose en que la víspera ya llevaba un cabestrillo, algo que la propia víctima justificó como un remedio temporal para los temblores frecuentes por un ictus previo. Aseguró que las limitaciones están en relación con una patología de hombro que ya estaba “presente antes del accidente” y que considera que “es posible” que se haya agravado tras el atropello.

Frente a él, el perito de la acusación particular, Óscar Pérez Carral, fue tajante: “Es el único que no ve nada”. El doctor defendió el nexo causal directo y recordó que dos traumatólogas de la aseguradora Allianz trataron a la mujer más de un año por esas secuelas, argumentando que de no haber relación con el golpe, la habrían derivado de inmediato al Sergas. En ese momento estaba de baja por otras enfermedades y seis meses después del siniestro le reconocieron una incapacidad permanente.

Ante este cruce de diagnósticos, las peticiones económicas son muy diferentes. Aunque todas las acusaciones coinciden en pedir para el conductor 4 meses y 15 días de prisión, además de dos años sin carné, la brecha económica es abismal.

El fiscal elevó su reclamación inicial a 11.741 euros tras sumar un trastorno depresivo reconocido por el forense, mientras que la acusación particular exige 115.900 euros por los 399 días de incapacidad y secuelas derivadas del siniestro.

Por su parte, el abogado defensor del conductor interesa la absolución y, con carácter subsidiario, una condena por una imprudencia menos grave (multa y tres meses sin carné).

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