El espacio natural protegido de Ridimoas vuelve a florecer un año después del incendio en Beade
300 HECTÁREAS
El trabajo de los voluntarios permitió proteger especies clave de flora y fauna de este bosque de Beade
Los cerezos de racimo que volvieron a florecer, las carballeiras que resistieron y los anfibios, como el tritón, que salvaron la vida, son algunas de las primeras señales de recuperación de Ridimoas un año después del incendio que afectó a casi 300 hectáreas de este espacio natural protegido en O Ribeiro.
Para Pablo Oitabén, presidente de este proyecto medioambiental nacido hace cincuenta años, salvar estas especies fue una de las prioridades. “Eu decidín onde centraba os esforzos cos voluntarios que viñeron a axudarnos, e que había que salvar o bosque de cerdeiras de racimo porque son a xoia da coroa”, recuerda. También se protegieron los pozos de anfibios “porque son especies que están en extinción global. Había que recollelos, metelos en auga e vitrinas porque son organismos moi delicados”. Las carballeiras requirieron igualmente un gran esfuerzo, ya que su pérdida habría supuesto perder parte de la biodiversidad de la fauna. Los voluntarios también instalaron bebederos para los animales que sobrevivieron.
Un trabajo intenso que no sería posible sin socios y voluntarios. “Loitamos por cada árbore, aínda me emociono agora, porque nesas árbores que salvamos conseguimos salvar toda a biodiversidade que se podía”. A su apoyo económico y trabajo se sumó un aumento de socios, hasta alcanzar los 1.320.
Conocimiento del bosque
También resultó decisivo el conocimiento acumulado durante medio siglo: “O bosque salvouse por coñecemento. Sabes o dano que fai un incendio cando sabes previamente o que alí había”. Por eso defiende una conservación activa apoyada en la ciencia: “Temos apoio das universidades de Vigo e Madrid e moitos científicos que nos asesoran”.
Durante este año, Ridimoas ha plantado “carballos, castiñeiros, érbedos e nogueiras” a partir de semillas del propio bosque y especies como alcornoques adaptados al cambio climático. También combate la expansión de las mimosas, cuya erradicación exige actuar desde la raíz. Todo ello con un esfuerzo diario: “Todos os días hai que regar cada árbore e protexer cada plantón cun cercado metálico en prevención de herbívoros”.
“O bosque enfróntase a un futuro incerto, porque o clima era máis predecible. Agora hai árbores que secaron porque en xullo non caeu unha pinga de auga”, señala Oitabén, aunque la asociación mira al futuro y ha adquirido además siete parcelas contiguas, con 9.520 metros cuadrados, afectadas por el fuego pero con posibilidades de regeneración.
La magnitud del daño todavía tardará en conocerse, recuerda el profesor: “Ata que pasen cinco anos non podemos saber de forma obxectiva o que se perdeu e o que se salvou. Despois dun incendio o bosque tarda cincuenta anos en recuperarse, en volver a acadar o seu equilibrio e que volva a ser un foco de biodiversidade. Cincuenta anos para a natureza non é nada”.
Pese a todo, Oitabén encara el futuro con optimismo: “Salváronse os principais hábitats, porque sabiamos exactamente o que era importante salvar”. Destaca como una de las grandes alegrías “ver as cerdeiras de racimo floridas na primavera despois daquel inferno”. Ahora, dice, “é cando o bosque máis te necesita. Xa non tes vinte anos, pero tes a experiencia e os coñecementos”.
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