Boborás, el refugio de Ourense que cautiva a los mallorquines

El aumento de la compra de viviendas en Boborás se hace notar desde hace casi dos años

La casa de Marta Aroca, con el terreno donde mantiene a sus caballos.
La casa de Marta Aroca, con el terreno donde mantiene a sus caballos. | Lucía Otero

Unos tomatillos verdes llevaron a Rocío Andrade hasta Nogueira (Boborás). Fue una casualidad del destino, según cuenta, la que acabó cumpliendo su sueño de criar a su hija en el rural gallego.

Después de pasar toda su vida en Guanajuato (México), y de llegar a Galicia por las raíces viguesas de su marido, acabó descubriendo este lugar a causa de una fiesta mexicana organizada por unos conocidos en A Lama (Pontevedra). Fue hasta Boborás para comprar unos tomatillos verdes cuando encontró la casa de la que se enamoró. Vive allí desde enero de este año, cultiva su huerto y prepara platos típicos de su país para los vecinos.

El huerto donde cultiva Rocío Andrade en Nogueira.
El huerto donde cultiva Rocío Andrade en Nogueira. | La Región

Como Andrade, muchas otras personas han decidido instalarse en este municipio. Han llegado madrileños, andaluces, vecinos de la costa gallega, numerosos mallorquines e incluso extranjeros de Alemania o Irlanda.

“Me han llegado a decir que no sabemos valorar lo que tenemos, que vivimos en un paraíso”, explica la alcaldesa de Boborás, Patricia Torres, al buscar una explicación al auge inmobiliario que experimenta la localidad. Asegura que prácticamente se han comprado viviendas en todas las aldeas y que este incremento comenzó a hacerse visible hace aproximadamente dos años.

Juan Fraga es una de las personas que mejor conoce este fenómeno. Como asesor, mantiene contacto con propietarios e inmobiliarias y pone en relación a quienes buscan una casa con quienes quieran venderla. También orienta a personas interesadas en mudarse al rural, muchas de ellas preocupadas por cómo encontrar trabajo o condicionadas por los prejuicios que todavía existen sobre este tipo de entornos. Pese a este miedo inicial, afirma que la gran parte acaba dando el paso convencida de que ganará calidad de vida: “Hay gente que tiene una casa con terraza en primera línea de playa y decide venir aquí porque, para ellos, esto es un lujo”.

Éxodo balear

Entre los muchos perfiles que han llegado al municipio, los mallorquines destacan especialmente. Lo sabe bien Agustín Pacheco, canario de nacimiento que desde hace 25 años trabaja en el sector inmobiliario rural en Galicia. El 70 % de las operaciones que realiza en Boborás corresponden a segundas residencias, aunque también hay compradores que se instalan de forma permanente. Y, según sus cálculos, ocho de cada diez clientes proceden de Mallorca.

Pacheco atribuye este éxodo a tres factores: “La masificación, el precio de la vivienda y el calor”. Con esta idea en mente, muchos compradores llegan buscando una vivienda con características muy concretas: la mayoría se interesa por la “típica casa gallega de piedra”, con pocas reformas pendientes, un terreno anexo y un precio que suele oscilar entre los 60.000 y los 80.000 euros.

Ese era también el perfil de vivienda que buscaba Marta Aroca. En Boborás encontró precisamente lo que en Palma de Mallorca no conseguía: la tranquilidad que buscaba para ella y su familia. Llegó a la zona de Pereiras junto a su marido y sus dos hijos en diciembre de 2024 y, como Andrade, también lo hizo casi por casualidad.

“Empezamos buscando en Asturias, pero nos acercamos a Galicia y esta zona nos gustó más”, recuerda. Reconoce que en Mallorca el elevado coste del día a día hacía imposible mantener el ritmo que deseaban. Desde su llegada al rural gallego, asegura que su nivel de vida “ha aumentado en un 200 %”. Además, ha conseguido la casa que quería, con una finca para sus caballos donde hoy gestiona una escuela de equitación.

Tanto Andrade como ella coinciden en que el apoyo de los vecinos y del Concello hizo más llevadera su migración. “Ojalá lo hubiéramos hecho antes”, concluye Aroca.

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