CAMPAMENTOS DE VERANO
Una mallorquina impulsa un centro ecuestre en Boborás
CAMPAMENTOS DE VERANO
De una Mallorca cada vez más masificada a una aldea de Boborás con apenas seis habitantes. Ese fue el cambio de vida que emprendió Marta Aroca junto a su marido y sus dos hijos hace año y medio. En ese tiempo, ha abierto una escuela de equitación en Pereiras y acaba de organizar el primer campamento ecuestre que se desarrolla en todo el municipio.
La familia se instaló en esa aldea en diciembre de 2024 con un requisito claro: encontrar una casa con finca y terreno suficiente para que sus caballos también formaran parte de esa nueva vida. Allí nació en abril O Barranco Club Deportivo Ecuestre, desde donde este verano impulsa un plan vacacional que recupera el nombre del centro que habían creado años atrás en Mallorca, Ca’n Barrancó.
El impulso definitivo para poner en marcha el campamento llegó de donde menos lo esperaba: de las familias de los compañeros de colegio de su hija pequeña, también aficionada a la equitación. “Mi hija monta a caballo y a sus amigos les llamaba mucho la atención. Fueron las madres de esos niños las que me animaron a dar el paso”, relata Marta. Ese respaldo para ella tiene un valor especial. “Me dejan a su mayor tesoro. Me siento plena porque confían en mí para cuidar de sus hijos mientras aprenden a montar a caballo”, afirma, consciente de la responsabilidad que supone.
La acogida no tardó en hacerse notar. Su escuela cuenta ya con 21 alumnos, de entre cinco y treinta años, que reciben clases individualizadas de lunes a viernes, organizadas por niveles durante las tardes. A esa actividad se suma ahora el campamento de verano. La primera edición concluyó este viernes 17 de julio, pero el número de inscripciones ha sido tan alto que este mismo lunes comenzará una segunda semana, con el campamento por las mañanas y las clases de equitación por las tardes.
Pero el camino no estuvo exento de dudas. Antes de comprobar la buena acogida del proyecto, Marta tuvo que asumir una importante inversión. “Tener caballos no es como tener un perrito. Si quieres dar clases necesitas confiar en ellos y eso supone un gasto importante”, explica. Por eso reconoce que lo más difícil fue dar el primer paso: “Cuando no sabes si va a funcionar, invertir en una zona rural da respeto”.
En Mallorca esa incertidumbre no existía. Su escuela estaba consolidada y ofrecía clases a lo largo de todo el año, además de campamentos. Aun así, decidió apostar por Pereiras porque “los niños del rural también se lo merecen”. “El rural está muy desvalorizado para el potencial que tiene”. Todo ese apoyo le ha permitido seguir dedicándose a su pasión, y espera que muy pronto también pueda compartirla con su marido, profesor de doma clásica, que todavía se está adaptando a su nueva vida en Galicia.
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