La Región
El voto por correo (y II)
Maricarmen ha muerto convertida en símbolo de la crisis de vivienda y, en pocas horas, en arma arrojadiza.
Gabriel Rufián reaccionó en X con un “qué hijos de puta”. Irene Montero escribió que “no es una muerte, es un asesinato”. Vox responsabilizó a Pedro Sánchez. Desde el PP se recordó que el desahucio lo ejecutó la Policía Nacional y se amparó en una ley socialista. Y la Asamblea de Madrid no guardó un minuto de silencio, que Más Madrid y PSOE sí hicieron a las puertas de Cibeles.
Cada bando ha encontrado en una anciana muerta el argumento que ya tenía escrito. Ninguno ha ofrecido una solución para las mujeres mayores que, con pensiones bajas tras décadas de cuidados no remunerados, quedan sin hogar y sin red.
Maricarmen no era una consigna, era una vecina. Respetarla es dejar de usar su nombre para ganar el titular y garantizar que ningún desahucio deje a una persona mayor sin alternativa habitacional.
Carlos Utrila (Madrid)
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