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El último informe del Ministerio de Sanidad descubre una cifra tan preocupante como reveladora: en 2024 se registraron 17 070 agresiones a profesionales sanitarios, lo que supone un incremento del 16 % respecto al año anterior. Más de la mitad de estas agresiones ocurrieron en Atención Primaria y servicios extrahospitalarios, y en su mayoría fueron insultos y amenazas, aunque se contabilizan casi 3 000 episodios de violencia física. El dato más llamativo: el 78 % de las personas agredidas fueron mujeres, lo que refleja también una dimensión de género que no podemos ignorar.
Estas cifras no son solo un problema del sistema sanitario; son un reflejo de una sociedad desbordada, donde la frustración se canaliza erróneamente contra quienes están al frente del cuidado. La saturación del sistema, los tiempos de espera, la desinformación -muchas veces alimentada por el mal uso de internet- y la falta de herramientas institucionales para la contención, están generando un caldo de cultivo muy peligroso.
Frente a esto, hacen falta respuestas firmes y estructurales: protección real a los profesionales, campañas de sensibilización, protocolos eficaces de denuncia, y una apuesta decidida por la educación sanitaria y el respeto en el trato. Porque no hay sistema de salud que resista si se normaliza la agresión como parte del trabajo médico.
Proteger a quienes nos cuidan es una responsabilidad colectiva. Y es también una línea roja que no debemos permitirnos cruzar.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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