Pisa 2026

Carta al director
Carta al director | La Región

En aquel tiempo, y desde los más diversos sectores políticos y sociales vascos, se auguraba a los padres de alumnos cuya lengua vernácula era el castellano que la educación de sus hijos en un idioma diferente al suyo propio —en este caso, el vasco— tendría para el rendimiento académico de niños y jóvenes unos efectos más positivos y satisfactorios. Informes y expertos así lo avalaban o, al menos, lo sugerían. Así pues, con toda la buena fe del mundo y animados por la ola del momento, buen número de estos padres encomendaron el desempeño y resultado finales de la educación de sus hijos a la futurología; quebrantando, a cambio, la tradición que habían recibido de sus padres -y estos de los suyos- y entregando, además, a un tercero buena parte del control y supervisión familiar de las diversas tareas escolares de sus hijos.

Sin embargo, tras conocerse los recurrentes y nefastos resultados obtenidos por los alumnos vascos en diversas pruebas comparativas de desempeño, como PISA, es fácil imaginar la decepción de muchos de estos padres y la sensación de que, en realidad, aquella suerte de nigromantes les había dado gato por liebre. Ahora bien, con estos antecedentes ¿qué lleva a unos padres a no escolarizar a sus hijos en su idioma materno a sabiendas de que el resultado final va a ser más positivo para ellos?

Una de las respuestas sería, en mi opinión, que, en último término, los padres no tienen una verdadera libertad de elección; más bien lo que les queda es una libertad aparente, una libertad que sólo les permite mirar y asentir, pero no elegir. En definitiva, la libertad de un esclavo; una situación ideal para los futurólogos, astrólogos y demás charlatanes del momento.

Para argumentar sobre esta falta de libertad real de los padres baste recordar algunas iniciativas realizadas por el Gobierno autonómico vasco en esta materia que han publicado recientemente algunos medios de comunicación: ocultación de informes, incomparecencia en determinadas pruebas y manipulación grosera del censo de alumnos examinados en PISA. ¿Qué tienen en común las tres iniciativas citadas…? Exacto: las tres persiguen esconder la realidad, la realidad más incómoda. Y alejarnos tan deliberadamente de la realidad es alejarnos, en última instancia, de la verdad; es decir, alejarnos de aquello que, precisamente, nos hace libres.

Javier M. Pernía Casas (Vitoria)

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