La Región
Carta abierta a Pedro Sánchez
Señor Sánchez:
Por tu culpa la política española se ha convertido en una permanente batalla de trincheras, en la que la verdad parece importar menos que la supervivencia de un Gobierno. Por tu culpa muchos ciudadanos han dejado de reconocer en las instituciones que deberían representarles la España en la que confiaban.
Has hecho de la división una forma de gobernar. Has convertido el enfrentamiento en una herramienta política y la necesidad de mantenerte en el poder en el argumento que parece justificarlo todo. Has cruzado líneas que durante décadas parecían inamovibles y has obligado a muchos españoles a preguntarse cuánto más puede ceder un Gobierno antes de que la defensa del interés general quede definitivamente subordinada al interés partidista.
Mientras tanto, España observa con estupor cómo se suceden las investigaciones, las controversias judiciales y las sospechas que rodean al poder. Y ante cada pregunta incómoda aparece la misma respuesta… el adversario político, la prensa, los jueces, la derecha, las circunstancias. Siempre alguien tiene la culpa, salvo quienes gobiernan. Pero gobernar significa precisamente lo contrario… asumir responsabilidades, dar explicaciones y aceptar el escrutinio de las instituciones.
Los españoles no te eligieron para que construyeras un muro entre ellos. Te eligieron para gobernar para todos; y sin embargo, hoy existe una España que siente que ha sido expulsada del proyecto de país que tú diriges. Una España que trabaja, paga impuestos, respeta las leyes y contempla cómo sus preocupaciones son ridiculizadas, minimizadas o utilizadas como munición electoral.
Y después está nuestra frontera.
Ceuta es España. Melilla es España. Y sus ciudadanos no son peones de ninguna partida diplomática. Son españoles que merecen exactamente la misma protección, seguridad y dignidad que cualquier ciudadano que viva en Madrid, Barcelona, Sevilla o Vigo.
Cuando nuestras fronteras son sometidas a presión, el Gobierno tiene una obligación elemental… protegerlas. Cuando se producen entradas masivas o episodios de tensión en Ceuta, no basta con declaraciones diplomáticas ni con mirar de lado. Y cuando las decisiones sobre Marruecos generan dudas entre los españoles, el Gobierno tiene la obligación de explicar qué se ha pactado, qué se ha cedido y, sobre todo, qué ha recibido España a cambio.
No es xenofobia exigir control migratorio. No es extremismo exigir seguridad. No es racismo pedir que las fronteras españolas sean respetadas. Y no es odio exigir que el Gobierno de España coloque los intereses de España por delante de cualquier cálculo político o diplomático.
Lo verdaderamente irresponsable sería permitir que quienes viven en nuestras ciudades fronterizas tengan que preguntarse cada día si su Gobierno está dispuesto a defenderlos.
España ya no sabe qué límites son permanentes y cuáles dependen de una mayoría parlamentaria. Ya no sabe qué principios son intocables y cuáles pueden negociarse. Ya no sabe dónde termina la política y dónde comienza la defensa de las instituciones. Y demasiados españoles sienten que todo puede ponerse en cuestión si con ello se garantiza la continuidad de un Gobierno.
Por eso no tienes derecho a confundir España con tu Gobierno, ni el interés de España con el interés de tu partido.
Necesita recuperar la concordia que has contribuido a destruir, la confianza que se ha perdido y el respeto por unas instituciones que deberían estar por encima de cualquier presidente.
Y si en algún momento tienes la tentación de pensar que todo esto es simplemente una campaña contra ti, recuerda algo mucho más importante… España no te está pidiendo que la convenzas, te está pidiendo que la respetes.
España no es tuya, Pedro Sánchez, España es de los españoles.
José Manuel Varela Mosquera (Ourense)
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