Cuando el viento y el mar se enfadan...

CARTAS AL DIRECTOR

Publicado: 11 feb 2026 - 03:10
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Cuando el viento y el mar se enfadan las consecuencias no son solo materiales. No se trata únicamente de tejados arrancados, carreteras cortadas o calles y pueblos inundados. Se trata de personas que lo pierden todo o casi todo en cuestión de horas, de familias que ven cómo el esfuerzo de toda una vida queda cubierto de barro, de pueblos enteros que despiertan con la sensación de haber sido golpeados sin descanso.

En las zonas costeras, el mar ha avanzado con una fuerza implacable. Ha invadido paseos marítimos, ha dañado negocios, ha puesto en riesgo viviendas y ha obligado a muchos a abandonar sus hogares. Para quienes viven del turismo, de la pesca o del comercio local, el temporal no solo ha causado daños físicos, sino también incertidumbre sobre su futuro. Cada persiana bajada representa una preocupación más, cada local cerrado es una historia de miedo y de resistencia.

En el interior, las lluvias torrenciales han desbordado ríos, han anegado campos y han dejado a su paso casas inutilizables, cosechas perdidas y carreteras intransitables. Agricultores que llevaban meses trabajando la tierra han visto desaparecer su producción en días. Familias enteras han tenido que ser evacuadas, dejando atrás recuerdos, objetos personales y la sensación de seguridad que antes daban sus hogares.

La desesperación se refleja en los rostros de quienes limpian lodo con las manos, de quienes intentan rescatar lo que aún se puede salvar, de quienes no saben por dónde empezar a reconstruir. Hay cansancio, miedo, impotencia. Hay personas mayores que temen no tener fuerzas para empezar de nuevo, jóvenes preocupados por el futuro, niños que intentan entender por qué su casa ya no es la misma.

La empatía se ha convertido en un puente entre regiones. El dolor de Andalucía se ha sentido también en otras partes del país, generando un sentimiento de unidad en medio de la tragedia. No es solo una catástrofe local, es una herida compartida que ha despertado conciencia, responsabilidad y un fuerte deseo de ayudar.

En medio de la destrucción, también se han visto gestos que reconfortan. Vecinos ayudándose mutuamente, equipos de emergencia trabajando sin descanso, asociaciones organizando ayudas, jóvenes ofreciendo su tiempo, personas anónimas demostrando que la solidaridad puede ser más fuerte que cualquier temporal. Incluso en los momentos más difíciles, ha quedado claro que la unión es una de las mayores fortalezas del país.

Cuando el viento y el mar se enfadan, dejan pérdidas, miedo y cicatrices; pero también dejan una lección profunda… la importancia de cuidarnos unos a otros, de no mirar hacia otro lado cuando alguien sufre, de entender que la reconstrucción no es solo material, sino también emocional.

Andalucía hoy duele. Duelen sus pueblos, sus campos, sus familias; pero también se siente el respaldo de toda España recordando que, aunque la tormenta haya sido devastadora, la solidaridad y la humanidad pueden ser más fuertes que cualquier desastre.

Cuando el viento y el mar se enfadan nos recuerdan nuestra fragilidad. Nos quitan la necesidad del control y nos obliga a reconocer que el ego, las fórmulas y el poder tienen límites. En ese reconocimiento hay humildad, y en la humildad hay sabiduría.

José Manuel Varela Mosquera (Ourense)

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