FESTA DOS FACHÓS 2027
El invierno se prepara entre espigas en O Castro de Caldelas
FESTA DOS FACHÓS 2027
Hay tradiciones que solo se entienden cuando se descubre todo lo que ocurre antes de la fiesta. Mucho antes de que el fuego ilumine la noche de San Sebastián y cientos de fachós recorran las calles de O Castro Caldelas, el verdadero trabajo comienza bajo el sol del verano, entre campos de centeno, manos curtidas y un puñado de vecinos empeñados en que el tiempo no borre la memoria de sus antepasados.
Porque la Festa dos Fachós de 2027 ya está en marcha. En realidad, la fiesta que se celebrará el próximo enero empieza hace casi dos años, con la siembra del centeno en septiembre de 2025. Ahora, cuando julio encaraba sus últimos días, ha llegado uno de esos momentos que apenas ve el visitante, pero sin el que la fiesta simplemente no existiría: la siega.
El sonido de la máquina rompe el silencio del campo mientras el centeno va cayendo poco a poco. Detrás llegan las manos que saben cómo recogerlo, atarlo y prepararlo como se ha hecho siempre. Es un trabajo duro, de esos que exigen esfuerzo, paciencia y oficio. Un trabajo que ya casi ha desaparecido en muchos lugares, pero que en Castro Caldelas sigue latiendo gracias a quienes se niegan a dejar morir una tradición que forma parte de la identidad del pueblo.
Tobo, Servando, Carlos, Chicho, Bareta, Lalo, el concejal Manuel Pérez, conocido por todos como “Clarete”, y amigos como Daniel volvieron a ponerse al frente de esta jornada, compartiendo un saber aprendido de quienes trabajaron la tierra durante toda una vida. No buscan protagonismo. Solo que, cuando llegue enero, el fuego vuelva a prender con la misma fuerza de siempre.
Tras la siega llega el acarreo y, en las próximas semanas, la trilla, otro de esos trabajos que antaño marcaban el ritmo del verano en el rural gallego. Cada paso tiene un único objetivo: conseguir la paja con la que se elaborarán los fachós que convertirán, una vez más, la noche de San Sebastián en una de las imágenes más espectaculares y emocionantes de Galicia.
Y quizá ahí resida la grandeza de esta celebración. Que no empieza cuando se enciende la primera antorcha, sino mucho antes. Empieza cuando alguien prepara la tierra, cuando otro siembra el centeno y cuando un grupo de vecinos decide regalar su tiempo para que una tradición centenaria siga viva. Porque el fuego que cada enero deslumbra a vecinos y visitantes nace, en realidad, del esfuerzo silencioso de un verano que muy pocos llegan a contemplar.
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