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Los vecinos de la carretera de A Granxa, en Ourense, no piensan parar hasta conseguir que instalen un semáforo en el cruce ubicado en el número 97, donde en los últimos meses ocurrieron tres atropellos graves. Comprar el pan es una odisea para ellos: les preocupa ser arrollados al combinarse la falta de visibilidad con el exceso de velocidad de los conductores.
La avanzada edad de los residentes de la zona y el paso constante de niños que estudian en el colegio de la Inmaculada, en sus inmediaciones, convierten el paso de cebra en un punto especialmente peligroso. Ayer, hasta 30 vecinos se concentraron para cruzar la calle en señal de protesta: “Só pedimos un semáforo, estamos cansos de denunciar a falta de seguridade dos peóns. Os atropelos e accidentes son constantes. Basta”, señala Olalla Peteiro, representante de los afectados.
El pasado octubre, en solo seis días, dos personas fueron atropelladas cuando cruzaban -correctamente- el paso de peatones. Las víctimas, dos mujeres, tuvieron que ser trasladadas al hospital y aún sufren las consecuencias. Además, hace un año, otra persona fue atropellada en el mismo lugar: las heridas provocadas por el alcance de un vehículo la mantuvieron seis meses ingresada en el Complexo Hospitalario Universitario de Ourense.
Por otra parte, en noviembre de 2019, otro señor fue sobrepasado y, en 2014, una vecina murió al ser, también, atropellada.
Esta carretera es competencia de la Xunta pero, según Peteiro, es el Concello de Ourense el responsable de la señalización. Desde el propio gobierno local anunciaron que pondrían pasos elevados para reducir la velocidad, sin embargo, por el momento no existe ninguna medida real que aumente la seguridad.
La entrada en los garajes también se complica: “No tenemos ángulo porque hay vehículos aparcados en los bordes. Pedimos que pintasen línea amarilla pero solo lo hicieron a lo largo de 30 centímetros. Nos obliga a maniobrar mientras los coches vienen lanzados”, señala Peteiro, que reside en la zona.
Justina Conde, también residente, relata que son muchos los ancianos que se lo piensan dos veces antes de cruzar. O bien esperan hasta que confían en que no haya ningún vehículo, o bien piden ayuda y se juntan en grupos para pasar al otro lado. Así, la mayoría se lo piensan dos veces antes de cruzar el paso de cebra: “No se ven los coches y van a mucha velocidad, cualquier día nos llevan”, explican.
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