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UNA VIDA DE DEPORTE
Manuel y José, entre café y café en el Ourense de finales de los años ochenta, decidieron apostar por un proyecto deportivo y de vida en el que verterían toda su ilusión: crear un gimnasio pensado para todo tipo de personas y en cualquier estado físico. Así nació el Squash
Se conocieron precisamente entrenando y, en 1988, el gimnasio Squash abría sus puertas para pronto convertirse en un punto de referencia para particulares, familias y opositores con pruebas físicas de acceso. Ahora, después de casi cuatro décadas y miles de horas de ejercicio, el Squash echa el cierre y apaga sus máquinas. Como comenta uno de los socios, "36 años dan para mucho", entre poleas, pesas, tatamis y numerosos trofeos, este gimnasio ha sido testigo de un sinfín de historias de amistad, de esfuerzo y superación.
La filosofía del Squash, desde su nacimiento, tuvo como cimiento la salud. Desde el plano médico al deportivo, pertenecientes a ambos ámbitos los socios creadores, uno médico rural y otro entrenador personal. Su objetivo era que todo deportista estuviese “asesorado, cuidado y atendido por un profesor en todo momento”. El nombre del local denota una generación en la que el squash estaba de moda. Las instalaciones empezaron con tres salas, una dedicada a esta disciplina y otras dos para fitness y ejercicios de pesos libres.
Manuel comenta que en el trabajo con personas con lesiones físicas trataban de esmerarse y ofrecer un acompañamiento diferencial. No sólo se trata de un servicio de compraventa. La moneda con valor inigualable en este mercado es la mejora vital.
Ese buen hacer fue clave en la preparación física de colectivos muy concretos. Hará aproximadamente veinte años, las academias teóricas para policías locales, bomberos o vigilantes de seguridad ficharon al Squash como lugar de referencia para la preparación física de los examinados. “Cogimos fama por conseguir un 97% de aprobados entre los alumnos”, comenta Manuel.
Ahora que echa el cierre, entre todos los recuerdos que le vienen a su cabeza a Manuel, destaca que en varias ocasiones naciese el amor entre alumnos que se preparaban en el Squash. Además de entrenar la fuerza, entrenaban el corazón. Presume de que consiguieron hacer de las instalaciones un hogar al que acudían, generación tras generación, antiguos alumnos con sus parejas e hijos. “Hemos trabajado incansables durante todo este tiempo para conseguir estos objetivos, para hacer de este gimnasio el emblema de una familia”, reconocen en su post de despedida en su perfil de la red social Facebook.
Manuel lleva años jubilado y José, que hasta ahora mantuvo el legado de este gimnasio, tras una baja de varios meses pasa a retirarse. No hay quien les tome el relevo en este proyecto personal, con el que buscaban mejorar la vida de los ourensanos "a su manera", con su aportación.
Los últimos socios ya se han despedido, pero su sello lo llevan en cada zancada, estiramiento y levantamiento de peso de cada miembro de la familia Squash.
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