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Unas plantas asoman entre los escombros de lo que era una casa hasta el 17 de julio del año pasado. La cicatriz del peor incendio de la historia de Ourense aún se deja ver en Alixo (O Barco), como en tantos otros núcleos que sufrieron la llegada del fuego. Ayer se cumplió un año desde que las llamas brotasen en la parroquia de Riodolas, en Carballeda de Valdeorras.
El 14 de julio de 2022, un rayo abrió la ventana a un auténtico infierno. Durante tres días, el fuego se limitó a quemar monte. En la mañana del domingo 17 se daba por estabilizado, pero a mediodía se desató el caos. El fuerte viento reavivó las llamas, que se descontrolaron por completo. Durante varios días, más de 850 vecinos fueron desalojados, las carreteras y el ferrocarril se interrumpieron y el valle del Sil se cubrió de una espesa película de humo. Cerca de 90 viviendas quedaron dañadas. En el balance personal, se registraron heridos en las tareas de extinción e intoxicaciones por humo. Tras dos semanas, se dio por extinguido. El satélite Copernicus estima que se quemaron 12.388 hectáreas, y la Xunta, 10.500.
A Veiga de Cascallá (Rubiá) fue pasto de las llamas el lunes 18. Allí, el ánimo sigue bajo. Una manzana del pueblo fue arrasada por completo, y en total ardieron más de 20 casas. La única salida para algunas de las viviendas ha sido la demolición, formando una estampa propia de una catástrofe.
“Seguimos afundidos, aínda”, lamenta una vecina a la que le ardió el tejado: “Está mal, todo mal. Está todo tirado”. Antonio Santín también sufrió pérdidas materiales por las llamas. “Os ánimos aínda non están ben”, comenta. Su vivienda todavía es un montón de escombros. Solo hay espacio para la resignación: “Isto eran todo casas e agora dá pena velo todo. É triste, nótase moito”. Sobre si es necesaria más ayuda de la Administración, “podían apoiar máis”.
Alixo fue otra de las parroquias que sufrieron de lleno el impacto de las llamas, con 15 casas afectadas. El domingo que todo se descontroló, el desbocado avance del fuego arruinó el postre de sus vecinos. Dos días después, Pedro Sánchez pisó allí tierra quemada para advertir del cambio climático. La sequía y la ola de calor habían convertido el monte en gasolina.
Antonia Flores recuerda aquel día. El humo, la llegada del incendio, la evacuación: “Echaron a la gente del pueblo”, relata indignada. Comenta que quien se resistió y defendió sus casas, la salvó. La suya la rescató un vecino después de que se prendiera un árbol de su jardín. Ahora queda el tocón. “Al no limpiar el monte, viene el fuego”, señala. La maleza fue gasolina. “Esto era una maravilla. Subías desde la carretera por un túnel de castaños, era una preciosidad. Ahora está todo quemado”.
Días después del inicio de los incendios de Valdeorras y O Courel, la Xunta dio luz verde a un paquete de medidas para ayudar a los afectados. Entre otras, se cubría el 100% del coste de reparar las viviendas habituales, con un máximo de 122.400 euros y de 61.200 euros para las no habituales. Se aprobaron 6 millones de euros. El Ejecutivo autonómico recibió unas 90 solicitudes.
En Valdeorras, algunas de las viviendas fueron reconstruidas. Es el caso de varias de Candeda (Carballeda de Valdeorras). Otras fueron derruidas o simplemente desescombradas. Algunas están a la espera, como en el caso de Antonio Santín: “Déronnos a axuda cara novembro. Temos os planos, pero estamos esperando”. En A Veiga de Cascallá, ya se puede ver alguna vivienda afectada en obras.
Además de casas, el incendio arrasó numerosos sotos, entre otros tipos de explotaciones agrícolas que fueron víctima del fuego, En este sentido, la Consellería de Medio Rural destinó subvenciones por algo más de 830.000 euros, compartidas con los afectados por el incendio del Courel, cuyas fechas coincidieron aproximadamente. Fueron destinadas a los sectores forestal, ganadero y agrícola.
Medio Rural también retiró la madera comercial quemada, y subastó la que se encontraba en montes de gestión pública de ambas zonas. Asimismo, existen líneas de ayuda para la replantación de sotos (500.000 euros de presupuesto) y la recuperación de la actividad apícola (250.000), entre otros.
Pese a las ayudas, las quemaduras aún cicatrizan en Valdeorras. La comarca tardará mucho en olvidar la que fue una de las peores semanas de su historia.
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