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Si existe algún símbolo de la pandemia, ese es la mascarilla. Tres años y cuatro meses después de la irrupción del covid, ayer se levantó la última obligatoriedad social vigente: el uso de mascarillas en centros sanitarios, sociosanitarios y farmacias. Profesionales, pacientes y clientes pudieron verse las caras, por fin, sin la ya habitual protección facial. La medida, impulsada desde el Ministerio de Sanidad, supone el punto y final de la crisis sanitaria, iniciada en marzo de 2020.
El proceso de vuelta a la normalidad que finalizó ayer arrancó, tímidamente, en febrero de 2022, con la retirada de las mascarillas en espacios exteriores. Meses después se sacarían en ambientes interiores, y el pasado febrero, en los transportes públicos. “Para nós é unha xornada de moita satisfacción, agólpanse moitos recordos destes anos”, señala Félix Rubial, gerente del área sanitaria de Ourense, Verín y Valdeorras. “Psicoloxicamente é un cambio na nosa percepeción desta situación, tan dramática no profesional e no persoal”, añade. En el conjunto del área se utilizaron más de 11 millones de mascarillas desde el inicio de la pandemia.
“Hai que poñela ou non?” fue una de las frases más recurrentes en toda la jornada. Pese a la publicación en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de la retirada de las mascarillas, muchos eran los que ayer llegaban a los hospitales, centros de salud y farmacias ataviados con el cubrebocas. “La gente estaba un poco confundida ya la semana pasada, porque pensaba que ya se sacaban. Hoy (por ayer) hubo de todo, gente que nunca la traía y que ayer se acordó, gente que venía con ella aunque no hiciese falta, gente que ya no la trajo…”, apunta Cristina Moreira, de la Farmacia Alameda de la ciudad.
A algunos, la idea de sacar la protección no les convence, por ahora. “Eu prefiro levala, polo que poida pasar, é mellor coidarse”, comenta un paciente en el centro de salud de A Ponte. Otros, vieron la luz. “¡Por fin! Ya necesitábamos retirarla”, asegura Jessica García, otra pontina.
Entre los profesionales, sensaciones similares. “Queríamos sacarla, pero ahora es como si nos faltase algo, al final son muchas horas con ella en estos tres años, ya es parte de nosotros”, explica Teresa Pérez, enfermera del centro. “Es un poco complicado quitársela de repente, tenemos que acostumbrarnos poco a poco”, añade su compañera Ana Belén Penido.
La retirada de las mascarillas no impide su uso. De hecho, es recomendable si la persona presenta síntomas de patología respiratoria. “A cultura das máscaras ensinounos a ser un pouco máis responsables, e hai que seguir con esas medidas preventivas”, apunta Juan Fernández, coordinador del servicio de Enfermería del centro de salud de A Ponte. El gerente del área sanitaria, en esta línea, recalca que las mascarillas “non son pasado”: “Teñen un papel moi importante para protexer ás persoas vulnerables. Antes da pandemia era habitual ver a turistas orientais con máscara, eles úsana para protexer aos demais cando teñen síntomas de infección respiratoria, e esa idea debería calar tamén entre nós”.
Rubial destaca otra de las enseñanzas pandémicas: “Un microorganismo pode poñer en danza a todo o mundo, a vacinación é clave, así como traballar en equipo, apoiándonos”.
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