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PRISIONERO DE ISRAEL
El cineasta carballiñés Alberte Pagán ya está de vuelta en casa tras sobrevivir al asalto y secuestro de la Global Sumud Flotilla por parte de las Fuerzas Armadas de Israel. A sus años de jubilación, y con un compromiso histórico reflejado ya en sus obras, Pagán relata con voz pausada pero firme una experiencia extrema en aguas internacionales y su posterior cautiverio. Su movilización, explica, responde a una injusticia que considera intolerable. “Basicamente, movinme pola inacción dos gobernos e as institucións”, afirma el carballiñés, incidiendo en que la gravedad del conflicto no es nueva: “É unha limpeza étnica que se leva facendo impunemente desde o ano 48. Ante esta inacción ten que ser a cidadanía do mundo a que se mova, polo menos para chamar a atención”.
La travesía zarpó de Barcelona para intentar burlar el bloqueo, pero terminó abruptamente en aguas internacionales cerca de Chipre, a unas 250 millas de Palestina, cuando la Armada israelí rodeó el velero. Tras cortarles las comunicaciones, los activistas aplicaron la resistencia pacífica tirando los móviles al mar. El abordaje dio paso a un secuestro que el cineasta define de forma contundente: “Israel non cumpre ningunha norma... secuestrar a 450 cidadáns no medio do Mediterráneo é un acto de piratería total”.
A partir de ahí comenzó el calvario dentro de lo que Pagán denomina “o ventre da besta”, sufriendo una violencia sistemática. “Estes días fixéronnos constatar que o exército de Israel é brutal, é un exército cruel que está adestrado para aplicar dor e para torturar”, denuncia Alberte. Según explica, la crueldad impregnaba a todo el aparato estatal: “Ves que non só os funcionarios armados desfrutan facéndote sufrir.... senón que o resto do funcionariado, médicos e pseudoxuíces, mostran un desprezo cara a ti que reflicte unha sociedade podrecida”.
Los prisioneros fueron hacinados en contenedores bajo el frío de la noche, vistiendo solo una camiseta. El suministro de víveres se convirtió en otra herramienta de tortura psicológica y física: “O noso único alimento eran unhas bolsas de pan conxelado que nos tiraban e unhas botellas de auga desde arriba, nin sequera abrían a porta”. En el último día de secuestro la sed fue total. Además, los guardias boicoteaban su descanso: “Inundaban o patio con auga para impedir iso” cuando intentaban buscar el calor del sol.
La violencia física fue constante. Pagán relata que en el primer buque la saña fue salvaje, dejando a unos 50 activistas con heridas graves: “Entraban xa coas costelas rotas, cunha omoplata rota, con feridas internas...”. Aunque Alberte estuvo en el segundo barco, nadie se libró: “Obviamente todos levamos golpes, todos levamos palizas, pero non con tanto ensañamento”. Esta humillación fue difundida en redes por el ministro Ben Gvir: “El mesmo filmounos para a pervertida cidadanía israelí, iso lle dá votos”.
Tras ser deportados a Turquía, el regreso no trajo la paz. Al aterrizar en Bilbao, se toparon con una brutal carga de la Ertzaintza que dejó al cineasta en shock: “Vexo dous compañeiros no chan, descamisados, e dous ertzainas dándolles porrazos, e aí nos caeron as bágoas a todo o mundo. Chegas ao que se supón que é a túa casa e ves esta escena”. Con todo, Pagán no habla de valentía, sino de “necesidade” humana ante el castigo a Palestina. Su compromiso sigue intacto: “Vémonos na seguinte flotilla”
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