La autocrucifixión de Jácome
Crónica
El alcalde dice luchar contra una conspiración que quiere apartarle de la Alcaldía. Un sitio del que empezó a alejarse el mismo día que llegó. Cumplido un tercio de su mandato, sus promesas son maquetas y sus colegas y socios, rivales.
Lleva el alcalde Jácome luchando desde hace meses, según él, contra una formidable conspiración que quiere apartarlo del poder y convertir a Ourense en la capital de la putrefacción. Jácome, incorruptible y a la vez mártir, no ha dado su brazo a torcer y la situación ha terminado forzando las rupturas de DO y del gobierno con el PP, además de sumir a Ourense en el caos político. Es un momento peliagudo para "la única persona que puede cambiar esta ciudad", como le gusta repetir a él con objetividad. Y con este quilombo, a ver quién se atreve ahora mismo a exigir al alcalde que diseñe un plan para la crisis económica, pague las ayudas a los autónomos prometidas hace ocho meses, cumpla en plazo con las facturas a proveedores o riegue las zonas verdes. La operación fue desvelada por Gonzalo en rueda de prensa: intereses urbanísticos y políticos corruptos estarían alineados para descabalgarlo y transformar Ourense en Gotham.
La trama
La trama ha sido definida por Jácome en estos meses como "algo impresionante" y del tamaño de "la copa de un pino", "un capítulo de ‘House of Cards" y a la vez "un golpe de estado" y también "una epopeya". O, más recatado, "una de las traiciones más épicas de la historia de la política municipal española". En el meollo, cinco colegas de lista electoral y de gobierno convertidos en, elijan, peones de esa sucia trama o personas que de forma totalmente irracional querían saber a dónde va el dinero público que recibe DO. Jácome, con la elegancia que siempre le caracteriza, no ha querido cargar contra sus ahora ya excompañeros. Apenas los ha venido tildando de "zombis", "traidores", "apestosos", "chantajistas" e "inútiles", antes de confesar, todo corazón, que los había llevado en las listas electorales por "pena". El PP-viles traidores-ya había roto el pacto de gobierno después de que el alcalde dijese que "no tengo que dar explicaciones a nadie" sobre el destino de esos fondos públicos. "Esto es ‘pecatta minuta", tranquilizó. Fiscalía y la UDEV no piensan lo mismo. Posiblemente formen parte también del mismo complot corrupto.
Los rivales
No es este el primer gran obstáculo al que le toca enfrentarse al alcalde Jácome. Igual que Batman –o un dictatorzuelo bananero–, en este casi año y medio de gobierno ha tenido que erigirse como garante de la legalidad ante una avalancha de posibles mordidas – recuerden los "pelotazos free"–, luchar contra los medios de comunicación ourensanos o señalar a decenas de enemigos externos –oposición, cultura, estorninos...– e internos –burocracia, mafia policial, malos funcionarios…-. En este escenario, es lógico que apenas haya cumplido un 15% de todas las promesas que ha ido lanzando a los ourensanos. Tampoco nadie se extraña que haya sumido al Concello en una crisis institucional inédita en la democracia. ¡Solo faltaría!
Lo que a todas luces sí resulta imposible de explicar es cómo los populares no quieren volver a gobernar ahora con Jácome. "¿Qué intereses mueven al PP para preferir ser la comparsa del PSOE a protagonista con DO", se preguntaba Jácome el otro día meditabundo antes de responderse a sí mismo con sagacidad: "El único objetivo es quitar a un enemigo, yo, que no permite la corrupción en el Concello". Ese hipotético pacto fue bautizado por el alcalde como el de los "mil millones", por el dinero que, según él, quedaría por manejar o adjudicar en lo que queda de mandato municipal. Y como principal impulsor del acuerdo, el alcalde sitúa –por favor, apriétense bien los cinturones- a este periódico. "Jácome, el pacto lo vamos a tener que hacer porque La Región presiona mucho", dice que le han dicho desde el PP. Algo bien curioso, porque él mismo señala siempre que puede que esta cabecera no tiene influencia. Y lo dice minutos después de leerse compulsivamente, como cada mañana, estas páginas mientras las describe machaconamente con el símbolo de una mierda –¡es tan mordaz! – en sus tuits. Bah, quién no habrá caído alguna vez en una contradicción, ¿verdad?
La oposición
La verdad es que Jácome tenía menos problemas en la oposición. Allí podría haber vivido otros treinta años. Aunque le honra haber asumido la Alcaldía de forma tan desinteresada –la factura de él y de sus amigos es solo de un millón de euros al año–, todos recordamos con ternura sus grandes momentos de edil roquero. Muchos protagonizados en el propio salón de plenos, en el que siempre tuvo margen para expresar sus inquietudes–por eso a él más que a nadie le debe doler tener que silenciar ahora a esa maleducada oposición-. Ourense dejaba espacio para la crítica y por el medio se coló la Pokémon. Él supo aprovecharlo, impulsado con una tele en la que sacaba las mismas fochancas que reinan ahora en carreteras y orillas del Miño. El problema para él –y también para la ciudad- es que la gestión es otra cosa.
La alcaldía
Tras una una moción de censura fallida en 2017 –incomprensible también cómo el PSOE de Barquero no quiso pactar con quien le había tratado siempre con tanto respeto-, al mando llegó pletórico el año pasado: perdió más de 2.500 votos y acabó pactando con Baltar, la persona contra la que había diseñado su campaña lanzándole floridos insultos. Esa fue la madre del cordero. Ahora, cumplido un tercio de su mandato, Jácome cuenta cómo los vecinos le paran por la calle y le dicen: "A ver Jácome, que levas un ano e pouco fixeches". La respuesta a eso es la misma que lleva dando desde su primera rueda de prensa como alcalde: estamos desatascando el motor del Concello y pronto se verán frutos. O estamos desbrozando y pronto arrancará el motor. Esos vecinos no sabrán de horticultura ni coches, porque Ourense ha cambiado muchísimo. Demasiado incluso para el pacto PP-DO. Pero lo opinable no es medible y Jácome, explica, está tranquilo con un gobierno de 3 de 27 ediles: "Estamos a plena vela", todo se tramita a una "rapidez tremenda" y se asfaltan "más calles que nunca". Ya recordó que la Consellería de Sanidade se gobierna, según él, con un solo político. O sea que Ucha y Ojea igual hasta sobran. A la vez, ofrece pactos a Ciudadanos y le dice al PP que regrese.
El Jácome opositor decía que tendría un parque acuático aunque tuviese que "inundar de noche con una manguera el parque de San Lázaro". No sabemos qué pensaría ese titán del Jácome alcalde. Ahora, todos los retrasos en su gestión parecen venir de la burocracia –posiblemente también implicada en la conspiración–. Ella sería la culpable de que el pobre alcalde que gobernó durante 14 meses con mayoría absoluta y 110 millones de remanente no haya podido sacar adelante apenas nada. Hay, eso sí, un montón de maquetas de escaleras mecánicas y parques con piscinas infinitas. El "esto saldrá a licitación próximamente" es ya uno de sus clásicos. También ha tenido mala suerte con el covid, que ha retrasado el concierto de Jennifer López en O Couto. Lo que ni siquiera la pandemia pudo retrasar (más) fue el centro de IA. Arrancó con ocho trabajadores y sin las instituciones –Diputación y Xunta– que deberían financiar los otros 992 empleados que promete. De momento andan "revolucionando" la web del Concello. Avanza Jácome que será de vanguardia mundial. Como el belén de Navidad.
El consenso
Lógicamente, con tanto trajín, su figura ha logrado consenso: todos –izquierdas o derechas, aficionados de la UDO o de la música clásica– parecen tener peor impresión de él como alcalde ahora que hace un año. El deterioro alcanzaría tal nivel que incluso la encuesta de La Voz –a la que también rechaza ahora– apunta que a los ourensanos les preocupa más la crisis municipal que el covid. ¿Injusto? Seguro que sí. O no, a mí no me pregunten. Como a Jácome: si rectificar es de sabios, él es un genio. Para ello es clave ser siempre fiel a no tener principios.
Nuestro héroe ha cumplido dos décadas en política, 9 años como edil y 16 meses de alcalde, pero él sigue vendiéndose como antiestablishment, lo cual puede ser un problema si eres parte del núcleo del sistema y se te paga para que mejores la ciudad. Sesenta días después de ver convertidos a sus colegas en enemigos y a sus socios en rivales, y mientras el PSOE y el PP consensúan sus desacuerdos, Gonzalo sigue con su trama: "Cuando vienes a cambiar el mundo es normal que intenten traicionarte. Obviamente, el caso más famoso es el de Jesucristo. Obviamente, sería el colmo que me comparase". La diferencia es que Jesucristo pagó los pecados de los demás y Jácome se ha crucificado a sí mismo.
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