SEGURIDAD ANTE ROBOS
Cálices y cruces bajo llave: el Obispado de Ourense blinda su patrimonio
SEGURIDAD ANTE ROBOS
Los templos religiosos son uno de los objetivos más frecuentes de los delincuentes. Especialmente los que se encuentran en zonas rurales: poco vigilados, bajo riesgo de ser sorprendidos por vecinos, ausencia de alarmas y lugares con pocas cámaras a su alrededor. El objetivo habitualmente de los ladrones suele ser el dinero en metálico que encuentren, aunque hay quienes van más allá, como la conocida como la “Banda de los Cristos”, cuya ambición han sido los crucifijos de las lápidas de los cementerios, la mayoría ubicados en la comarca de Celanova.
Para espantar a los ladrones, desde el Obispado de Ourense cuentan con una serie de precauciones. “Le decimos a los párrocos lo de siempre: que no dejen dinero en las iglesias. Que se haga la recaudación cada semana y se lleve el dinero al banco cuanto antes”, explica Raúl Alfonso, vicario episcopal para el Patrimonio y Sostenimiento de la Iglesia. “Es a lo que van, a buscar monedas y billetes”, añade.
En estos robos, cometidos normalmente por ladrones no profesionales que buscan dinero rápido, el daño material que causan suele ser mayor que el beneficio económico. “Rompen la puerta, estropean todo”, señala Alfonso. Un ejemplo reciente de los destrozos que causan ocurrió en la iglesia de Amiudal, ubicada en el concello de Avión. En este lugar accedieron los delincuentes la noche del 6 al 7 de marzo. Para entrar, quitaron los bombines utilizando un taladro, dañando la puerta, y una vez en el interior revolvieron todo. Los ladrones se apoderaron finalmente de un botín de 500 euros y unos pendientes que lucían las vírgenes.
Se aprovechan precisamente de la falta de medidas de seguridad de templos que están en zonas rurales. “Hay algunas parroquias que pueden asumirlo, pues tienen cámaras y tienen alarmas, pero la inmensa mayoría de iglesias parroquiales no pueden asumir un mantenimiento de un sistema de alarmas. (…) A muchas ya les cuesta llegar a poder pagar la luz”, indica el vicario de Patrimonio. Por ello, se pide a los párrocos que no guarden el dinero en las Iglesias, algo que ya sucede en la mayoría. De esta forma, sin un posible botín que llevarse, los ladrones tacharán estos templos en su lista de objetivos.
Sin embargo, no solo el dinero puede resultar atractivo para los ladrones, ya que la Iglesia cuenta con objetos de un gran valor como cálices, custodias, incensarios o cruces datadas en varios siglos de antigüedad. Estos pueden convertirse en objetivos de los delincuentes tal y como ocurrió el pasado septiembre, cuando robaron de la Catedral de San Martiño un llamador de metal de una puerta de una de las escalinatas, que tiene más de 300 años, ya que es de 1.713.
Con el objetivo de evitar la pérdida del patrimonio religioso, hace casi un año el obispado hizo un decreto que indica a los párrocos y a las comunidades parroquiales que los bienes preciosos de orfebrería que no puedan estar custodiados en condiciones de seguridad -ocurre en la mayoría de casos- deben estar depositados en el depósito diocesano. “Se ha creado un depósito para toda la diócesis de bienes muebles y el párroco puede solicitarlos y llevarlos siempre que quiera para una fiesta o un evento. Siguen siendo de la parroquia, están aquí depositados y los pueden usar cuando lo necesiten, pero después vuelven otra vez al depósito y están custodiados en condiciones de seguridad”, explica Raúl Alfonso.
Esta medida obliga a los párrocos a depositar en este lugar seguro los bienes que no puedan estar custodiados en las respectivas iglesias con las debidas medidas de seguridad, los que no sean de uso habitual en el culto o actividades litúrgicas y cuya permanencia en el templo sea innecesaria o los que estén en riesgo de deterioro debido a cuestiones ambientales. Asimismo, se ha establecido que las piezas que se puedan custodiar en condiciones de seguridad en la parroquia, se debe disponer de una ficha de inventario que contenga imágenes actualizadas para, en caso de robo, facilitar la denuncia.
Otra de las cuestiones que pretende evitar el decreto es que los bienes estén en las casas de los feligreses, quienes con toda la buena intención los guardan. “Esta es una praxis que no podemos permitir. Las casas particulares no son el lugar para custodiar estos objeto, además sabemos que en muchos casos, con el paso del tiempo, quedan en manos de hijos o nietos que no saben de qué va el tema y se pierden. Eso ha pasado”, señala el vicario de Patrimonio.
Para atajar esta problemática, los feligreses están obligados a entregar los bienes de la Iglesia que custodian en su casa y así evitar su pérdida o extravío. “Hay gente que se resiste a entregarlos a veces al cura, por eso con este decreto precisamente lo que pretendíamos era que los curas tuvieran también un instrumento legal para decir: ‘Esto tienen que entregarlo al Obispado”, explica Raúl Alfonso.
Además, indica que cuentan con un inventario en el que, a pesar de no está muy actualizado, contiene los bienes fundamentales, los más antiguos. “Nos hace falta actualizarlo un poco también y estamos en eso, en hacerlo también en formato electrónico. Tener todo en el programa, es un trabajo que hay que hacerlo con cierto orden y con cierta calma, pero sí la idea es que se pueda tener también inventariado a nivel informático todo lo que hay de las parroquias”, señala.
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