Carla Pérez, joven cazadora ourensana: “Para mí, cazar es formar parte activa del entorno”
NACIDA EN EL 2002
Carla Pérez, cazadora de Ourense nacida en el 2002 reconoce que la caza combina el gusto con paciencia y aprendizaje constante
Carla Pérez Álvarez, ourensana de la añada de 2002 y actualmente preparando oposiciones a celadora, es una de las 95 menores de 30 años que cuentan con licencia de caza en Ourense.
Sus comienzos en la actividad cinegética fueron tempranos: “A los diez años comencé a acompañar a mi padre, aunque desde muy pequeña sentía curiosidad por los animales y la naturaleza, y siempre me fascinaba observar cómo se movían y vivían”.
Cuando se le pregunta por si su interés por la naturaleza pudo influirle, lo tiene claro: “Sí, totalmente. Siempre me ha gustado pasar tiempo al aire libre, disfrutar del campo y las cosas maravillosas que te enseña, si la sabes apreciar. La caza combina ese gusto con paciencia y aprendizaje constante”.
También reconoce que el entorno influyó: “En mi caso, fue mi padre quien despertó ese interés creciente, no sólo por la caza, sino por la necesidad de entender y conectar con todo lo que la rodea. Aprender cómo sopla el viento y por qué es importante su dirección, prestar atención al graznido de un pájaro concreto, interpretar huellas y señales en el suelo o en los árboles. Es aprender a leer el campo, a observar con calma y respeto. La caza se convierte así en un viaje sensorial en el que nunca dejas de aprender”, subraya.
Aunque no recuerda el momento exacto de su primera vez, sí le quedó marcada la sensación: “Mucha tensión, muchos nervios y un diálogo interno constante: ¿cómo se encuentran los animales? ¿piensan? ¿se avisan entre ellos? ¿cómo se sentirá apretar el gatillo? ¿y cómo no se quedan sordos con el ruido? ¿y si viene un jabalí hacia mí, qué hago? ¿me subo a un árbol? Pero aquí no hay árboles… bueno, echaré a correr”.
“Recuerdo que tenía muchas ganas de ver y sentir, pero también un miedo disfrazado de curiosidad. Después de toda una mañana contracturada por la tensión, pude apreciar de cerca olores, colores y la sensación en la piel al tocar por primera vez un animal”, añade esta joven deportista.
Y señala que “todavía hoy me emociona cada pieza abatida y muchas veces me cuestiono si actué correctamente, si era realmente el candidato adecuado. El respeto hacia la pieza, aprovecharla y honrarla es una parte fundamental de mi forma de entender la caza”.
Preguntada por si recibe críticas por su afición, matiza que “por parte de amigos, en general, lo que he encontrado ha sido más curiosidad e interés genuino”. Sin embargo, reconoce que “sí he recibido comentarios muy duros, incluso amenazas dirigidas tanto a mí como a mi familia. La mayoría de ellos vienen del desconocimiento y de la imagen distorsionada de la caza. Siendo sincera, tal y como la venden, si yo no conociera este mundo desde dentro y sólo viera lo que me enseñan por cuentagotas, también estaría en contra. Por eso creo que informar y conocer la caza desde dentro es fundamental para entender su valor real”.
Y no duda en apuntar que “una caza fundamentada y bien gestionada es una herramienta poderosa para la sostenibilidad del medio natural. No se trata de elegir entre el rural o los animales, sino de buscar una convivencia responsable entre ambos, contribuyendo a la prevención de desequilibrios y control de enfermedades que afectan a la fauna y, en consecuencia, a todo el entorno. Para mí, ser cazadora es formar parte activa del cuidado del entorno”.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XII)
Galería | El origen de un museo
REDUCCIÓN A LA MITAD
La caza se abre a los jóvenes de Ourense para asegurar su continuidad
Lo último
Jaime Noguerol
EL ÁNGULO INVERSO
Entra que cenas
Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Viendo urgencias en Urgencias
Carlos Risco
COSAS QUE CONVIENEN
Para intentar una mente serena en este mundo de locos