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El jabalí es uno de los mamíferos más extendidos por los montes ourensanos, y también de los más peligrosos. Rubén Fernández lo sabe bien: en noviembre, abatir un vakamulo de 142 kilos que merodeaba por Pereiro de Aguiar le costó la oreja a uno de sus canes, y ya vio morir media docena de sus perros a causa de las fauces y fuertes extremidades del animal.
Las fauces de uno de los animales.
No obstante, ayer su cuadrilla logró abatir cuatro ejemplares en Tibiás, parroquia perteneciente a Pereiro de Aguiar. Uno de los jabalíes cazados era de gran tamaño y prominentes fauces, más largas que un dedo meñique promedio. La cuadrilla no deja nada al azar. Su método de captura consiste en controlar la ubicación y movimientos del animal durante horas, previniendo además los cambios meteorológicos, para actuar en el momento preciso y contar así con la mayor probabilidad de éxito posible.
Y es que la Navidad es dulce para los niños y también para los vakamulos ourensanos, que adquieren su mayor tamaño a base de castañas que les permiten bordear los 200 kilos. En cualquier caso, los cazadores sostienen que su expansión tiene complicada solución, y advierten un número creciente de ellos.
Entre los factores que ayudan a explicar el aumento de tamaño de los suidos, figura el abandono del rural gallego, por el que campan a sus anchas adquiriendo dimensiones fuera de la proporción habitual. Hay registros de vakamulos en la provincia desde 1997, y su expansión fue constante desde entonces.
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