Centro-Vistahermosa: 1.720 metros de abismo invisible
Crónica
La distancia entre el Paseo y el barrio no llega a los dos kilómetros, pero una brecha invisible separa los servicios de los que pueden disfrutar sus vecinos. La diferencia va más allá de los datos de la renta.
Son solo 1.720 metros. El recorrido entre el parque de San Lázaro y la plaza Taboada Chivite es de unos pocos minutos a pie, pero atraviesa un abismo invisible. Una brecha abierta hace tiempo entre centro y barrios que se refleja en las cifras de la renta y se descubre a simple vista. En cifras, hablamos de una diferencia de más de 10.000 euros: junto a la plaza Paz Nóvoa, la renta media por persona es de 21.801 euros anuales, mientras que en Vistahermosa se sitúa en 10.149 euros.
Las calles reflejan esta disparidad. En pocos metros de Juan XXIII hay ocho oficinas bancarias; en todo el barrio de Vistahermosa no hay ninguna. En apenas un par de manzanas junto al Paseo se despliega un abanico de gimnasios, tiendas de moda y otros negocios; en Vistahermosa la mayoría de bajos se limitan a una persiana bajada. La renta en Vistahermosa aumentó un 10% en los últimos años, una subida mayor que la del centro, pero los vecinos lamentan que esta mejora no se nota en el trato que recibe su barrio.
“Hombre, lo primero que pueden arreglar es lo de los autobuses… no puede ser que pasen cada hora”, critica José Luis Barandela, vecino de Vistahermosa. No es el único con quejas: hace ya meses que la asociación vecinal del barrio critica los socavones y la dejadez en el asfaltado. José Carlos Carcacía apura un vino en el bar Marica y lo corrobora: “Las aceras están cada vez peor; hay gente que va en silla de ruedas que ha de bajar a la carretera”, critica, y lamenta que “cada mes o mes y medio” hay un corte de agua.
“¡Y no te olvides de las ratas!”, recuerda desde el otro lado de la barra, Mariadela Mellado, quien lamenta que, no hace tanto, el patio en frente de su taberna había sido “el más bueno de todo el barrio”. En la pista, donde creció una generación, solo queda un grafiti de Mon Devane juzgando la dejadez municipal.
La parroquia de San José de Vistahermosa recibe a los fieles por la mañana con la puerta cerrada, y los parques infantiles requieren un toque de atención, mientras en San Lázaro la iglesia de Franciscanos se llena tres veces al día y los niños juegan a pelota en un equipamiento con todas las comodidades. “La gente con hijos se va a que jueguen al centro, o si no al pueblo, porque aquí no hay nada”, concluye Carcacía.
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