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CIERRE POR JUBILACIÓN
Para los vecinos de Ervedelo y Doctor Fleming resultará extraño cruzar la esquina de ambas calles y no ver ya el cartel de joyería Prada, uno de los negocios clásicos y con más reputación de la zona. Tras 41 años de duro trabajo, Ángeles González, su propietaria, se jubilará el próximo 18 de enero y dirá adiós al que ha sido su día a día durante más de cuatro décadas.
Ángeles aterrizó en el mundo de las joyas un poco de casualidad. Estaba buscando un empleo y lo consiguió en una joyería. Solo tenía 16 años, pero rápidamente le vino la vocación por ese mundillo. “Empecé y me gustó, de hecho todavía me sigue gustando”, cuenta. Tras una década trabajando como empleada y cuando solo tenía 26 años, decidió junto a su marido, Manuel Prada, coger el traspaso del anterior dueño, dándole el nombre de joyería Prada. Ahora, después de 41 años al frente del negocio y otros 10 como empleada, la aventura llega a su fin.
Sin embargo, sus clientes todavía no se creen que vaya a dejar el negocio y le piden que se quede algo más de tiempo. “Me dicen que no me jubile, que a ver dónde van a ir ahora y yo les digo que me da pena. Sinceramente no tengo ganas de jubilarme, la verdad, pero ahora hay que mirar para adelante y ya me siento cansada”, confiesa.
“Si volviese atrás, haría lo mismo, no me arrepiento, todos los días hay buenos momentos, lo mejor ha sido el contacto con los clientes”, asegura
Es el momento de decir adiós, pero lo hace con la tranquilidad de que hizo lo que le gustaba. “Si volviese atrás volvería a hacer lo mismo, no me arrepiento, todos los días hay buenos momentos, lo mejor de todo ha sido estar en contacto con los clientes, los hay de toda la vida que ya son como si fuesen uno más de la familia”, señala.
Ella intenta no pensar todavía en el futuro. “Será día a día, como me dice mi nieta: ‘Yaya, pues ahora a dedicarte a cuidar a la nieta y a la que viene en camino”, señala. Ahora tendrá el tiempo que le faltó durante tantos años, ya que sacar adelante la joyería le supuso muchos sacrificios. “Muchas veces he dejado de estar con mis hijos por este trabajo, a lo mejor tenían una función y no podía ir a verlos, eso a día de hoy lo echo en falta”, recuerda.
Ahora seguirá los pasos de su marido, quien se jubiló hace más de un año. “Él lo lleva bien”, asegura y recuerda todos los años trabajando juntos, “él de relojero y yo aquí (en el mostrador)”. Por último, quiere dar las gracias a todos sus clientes por permitirles tener tantos años de trayectoria.
Pasan los años y la economía va cambiando y cada vez quedan menos negocios de los de toda la vida. En el caso de la joyería Prada, la ha cogido una franquicia de compraventa de oro. “Me da tranquilidad que alguien se quede con el negocio, para mí era muy importante no bajar la persiana”, indica Ángeles González.
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