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Hasta hace dos meses, un martes por la mañana en la cafetería más próxima al juzgado hacían falta tres camareras. Es el día fuerte de los juzgados, dice una de las empleadas. Ayer, a las 14.30, solo había cuatro personas comiendo y otras dos tomando una consumición en la barra. Una camarera “sería más que suficiente”. Los bares y cafés de los alrededores del edificio judicial de O Couto son otro de los termómetros de los efectos de la huelga de letrados judiciales.
En los tres negocios sondeados, coinciden en señalar que la clientela les bajó más de un 50% en estos dos meses. “Tenemos muchos abogados, procuradores y personas que van a los juicios porque solo con los funcionarios del juzgado no vives”, asegura la trabajadora. En otro de los bares, la camarera asegura que huelga y fin de mes es un cóctel muy negativo para la hostelería que nació al abrigo del edificio judicial.
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