Condenado por tirar al perro Pistón desde 90 metros de altura en la AG-53

MALTRATO ANIMAL

Perseguía causar la muerte del animal de una forma “cruel y salvaje” al arrojar al perro Pistón desde 90 metros de altura

Nilo, durante el juicio en la Sección Penal y Pistón tras ser rescatado por el Seprona bajo el viaducto.
Nilo, durante el juicio en la Sección Penal y Pistón tras ser rescatado por el Seprona bajo el viaducto.

Noventa metros de caída libre para caer sobre las aguas del río Barbantiño. Ese debía ser el final de Pistón, un perro de caza de raza griffón al que su dueño decidió eliminar arrojándolo desde el viaducto de la autovía AG-53, en Ourense, en la noche del 3 de abril de 2023. Sin embargo, el animal desafió a la muerte, logrando sobrevivir a un impacto brutal. Ahora, la titular de la plaza 2 de la Sección Penal Tribunal de Instancia de Ourense ha condenado a su verdugo, Nilo L. C., a 12 meses de prisión y tres años de inhabilitación por un delito de maltrato animal.

Las cámaras de vigilancia de la vía captaron la secuencia. Según recoge la sentencia, a las 23,25 horas, el acusado condujo su furgoneta hasta el kilómetro 85,500. Allí, detuvo el vehículo invadiendo el arcén hasta en tres ocasiones, bajándose y asomándose a la barandilla para estudiar la caída. Finalmente, consumó su plan. El fallo judicial es tajante al describir la escena: “Con ánimo de menoscabar la integridad física de dicho cánido, de una manera completamente injustificada, lo introdujo en la furgoneta (...) y, tras parar varias veces en un tramo de 20 metros en el viaducto lo arrojó al río”.

El impacto desde esa altura (entre 90 y 100 metros) es habitualmente letal. De hecho, el propio acusado conocía que ese puente es un punto conocido por actos suicidas debido a que la altura asegura la muerte. No obstante, el destino de Pistón fue distinto. Unas ramas rotas amortiguaron su violenta caída antes de precipitarse al cauce del río, salvándole la vida. Tres días después, el 6 de abril, el perro fue localizado por la Guardia Civil bajo unos arbustos junto a un pilar de la autovía; estaba “desaliñado y desprendiendo un fuerte olor, además de tener una cojera importante”.

Durante el juicio, el acusado intentó zafarse de la condena esgrimiendo una versión que la propia magistrada, Susana Pazos, tilda de “surrealista”. Nilo aseguró que aquella noche no arrojó a un perro, sino una bolsa con una sudadera de Star Wars que olía mal, justificando su insólita parada en plena autovía porque iba acompañado de “una chica muy fina”. Además, la defensa intentó dibujar un perfil bondadoso del acusado, argumentando que una persona que había tenido más de 80 perros a lo largo de su vida debía ser considerada una “amante de los animales”, incapaz de cometer tal atrocidad. La respuesta de la jueza en la sentencia para desmontar este argumento es rotunda: “La única conclusión objetiva que podemos sacar de ese dato es que, efectivamente, el acusado ha sido a lo largo de su vida titular de esa gran cantidad de perros, pero no de que los haya cuidado adecuadamente, al igual que, el que uno haya tenido muchas parejas a lo largo de su vida, no excluye que pueda haberlas maltratado a todas ellas”.

La resolución judicial no escatima en reproches hacia la conducta del condenado. Destaca la “frialdad con que llevó a cabo su conducta, buscando el punto adecuado para tirar al animal”, lo que evidencia, a ojos de la magistrada, “una falta absoluta de escrúpulos y sensibilidad”. En su argumentación, deja claro que el objetivo final era la aniquilación del perro, destacando la crueldad del método elegido: “Lo que, sin duda, perseguía el acusado era causar la muerte al animal y, además, de una forma particularmente cruel y salvaje, aunque afortunadamente no haya conseguido su propósito, por causas ajenas a su voluntad”.

El condenado deberá hacerse cargo de la factura de su propia crueldad. Deberá indemnizar con 1.246,16 euros al hospital veterinario Anicura Abros, cuyos profesionales lograron curar a Pistón.

Contenido patrocinado

stats