El Cronómetro, relojes y joyas con sello ourensano

€URO

Tienda, taller y laboratorio de gemas, en un negocio de de 121 años

El Cronómetro, relojes y joyas con sello ourensano

Odilo Fernández Losada desde la pequeña aldea de San Miguel do Campo en Ourense, recién estrenado el siglo XX (1903), inició su actividad empresarial dedicándose a la venta y realización de piezas de joyería y relojería.

En el año 1911, como muchos gallegos, cruzó el Atlántico y recaló en la floreciente Cuba, donde abrió un establecimiento para la venta de sus propias piezas de estilo art-decó, imperante en la época. En 1928 regresa a Galicia y se instala en la ourensana calle de la Paz. Su hijo Odilo Fernández Saco dio continuidad al negocio y en la actualidad es la tercera generación la que lo regenta, él mismo y María Fernández Fernández.

Manipulando un reloj. Foto: Sandra Iglesias.
Manipulando un reloj. Foto: Sandra Iglesias.

A día de hoy, el negocio dispone de la joyería de cara al público, pero detrás hay también un taller para una profesión de difícil relevo. La empresa no encuentra sustitutos, no los hay (miedo le da cuando se vayan jubilando).

Lo que no se ve Tras el comercio, lo que se ve del negocio, se esconden un taller y un laboratorio de gemología

Junto al taller, dispone también de un laboratorio gemológico especializado en diamantes. Son estos la principal materia prima para sus joyas y proceden de Amberes, donde se encuentra la bolsa de diamantes más importante del mundo, ya que más de la mitad del mercado mundial relacionado con este negocio pasa por la ciudad belga.

Su otro producto estrella, los relojes de su propia marca, El Cronómetro. Manufactura pura. Más de 100 años realizando el mismo reloj, en el mismo lugar y por la misma familia. Son poco más de media docena los que se elaboran al año y obviamente, hay lista de espera. Pero, ¿cuál es el secreto de esta longevidad? Después de pasarme más de dos horas con Odilo, lo entendí todo. Es la conjunción de tres factores básicos. El primero, y sin duda el más importante, es la pasión que siente por su negocio y por la profesión de joyero. Oírlo hablar de sus productos hace que sepas que estás en manos de un profesional con mayúsculas. El segundo factor es la confianza, ganada en más de un siglo de trabajo bien hecho. Cuando alguien hace un esfuerzo económico por comprar una de sus piezas, tiene la absoluta certeza de que lo que se lleva es de una calidad extrema.

Un muestrario de sortijas. Foto: Sandra Iglesias.
Un muestrario de sortijas. Foto: Sandra Iglesias.

Por último, la exclusividad. Cada pieza es única e irrepetible y no existen ni troqueles, ni moldes para su reproducción. Si la compras, nadie tendrá una igual. Ahora es más fácil entender por qué ha sobrepasado el siglo de vida, aunque no deja de ser un hecho extraordinario.

La última pregunta que le hice a Odilo, fue sobre la continuidad del negocio y ambos esperamos que la cuarta generación continúe con él, porque esto más que una joyería, es una joya.

Contenido patrocinado

stats