Feie Cheng, Una sonrisa asiática en el barrio de lunes a domingo

NUEVA OURENSANÍA

Regenta Feie Cheng un negocio entre el vecindario de San Francisco y el casco viejo ourensano, y nos cuenta su vida como puede, ella no lo cree, pero con el español se va apañando. Como extra, sus buenas maneras, y su simpática sonrisa oriental, que rellenan los huecos que las palabras no pudieron completar

Miriam Blanco
Publicado: 31 jul 2024 - 07:15 Actualizado: 04 oct 2024 - 18:37
Feie Cheng, en su negocio en rúa Pena Corneira (Foto: Marta Vázquez).
Feie Cheng, en su negocio en rúa Pena Corneira (Foto: Marta Vázquez).

Desde Supermercado San Francisco, cuenta Feie Cheng que es originaria de Wenzhou, una ciudad portuaria en la costa este de China. “Muy grande”, informa. Intuimos que la compara con Ourense porque no sabiendo mucho sobre amplitud. y demografía de allí, le hacemos un triángulo geográfico con Pekín. “Esta es más grande”, nos dice, la forma en la que repite el calificativo, que añade un gesto de asombro en boca y nariz, es la manera infalible con la que, para dar con los tamaños, nos dio por discurrir.

Leemos posteriormente en internet que allí no se habla mandarín ni cantonés sino una variedad del chino wu, que viene a ser un dialecto que en algún tiempo fue prohibido. Dice también la wikipedia que sus habitantes son conocidos como “los judíos de Oriente”, por sus dotes comerciales y lazos personales, y que es lugar de origen de muchos emigrantes asentados en Europa.

Algún fundamento han de tener estas informaciones porque clientes varios de su establecimiento destacan a Feie por su gentileza y cordialidad. Alguno incluso confiesa visitar la tienda a altas horas, cuando ya los hornos no están para bollos, pero ella siempre, sonrisa en rostro, plena disponibilidad.

“Llegué en 2008, por un primo con un bazar en Juan XXIII que ahora está cerrado”, explica la elección de destino Feie Cheng. “Cómo fue, no lo sé”, confiesa. Por el tono se extrae que la respuesta es escueta no por falta de vocabulario, sino porque la pregunta resulta absurda si se interpreta con literalidad. Pocas veces las migraciones no son forzosas, ya sea por mejorar la calidad de vida, que por cuestiones de seguridad. Tenía ya Feie una tienda de ropa y accesorios en China, y contaba cuarenta y dos cuando le dio por viajar.

Familia al completo

“Hoy toda mi familia está aquí”. Es Feie vecina del centro, y vive con su marido y dos chavales, que llegaron al año de ella partir. “Uno de mis hijos tenía catorce años”, aclara. A continuación, jugamos a adivinar su edad. “¿Cuántos crees que tengo yo?”, nos reta Feie, por su piel se le echarían cincuenta, no mucho más. “Tengo cincuenta y ocho”, puntualiza, y ríe por habernos camelado con su físico y su jovialidad.

Personas entran y salen a traer mercancía, pero también a comprar. Feie es ante todo responsable y eficiente, a todos atiende, pero luego nos vuelve a hablar. Tenemos que decir que antes de Feie hubo por lo menos cinco de sus compatriotas a los que asaltamos en sus negocios y, aún hablando español más fluidamente, no se dejaron entrevistar. Feie parece de otra China, más cercana en lo social.

“Vacaciones cojo unas pocas”, confiesa. Por ahora se mueve por Ourense, visitó Santiago, conoce Vigo, y seguro que algo más. “Cuando vivían mis padres iba más a menudo”, dice sobre las visitas a China. Dejó un hermano mayor allá, y cuenta otros dos en Estados Unidos. Aquí están sus hijos y marido, tiene su trabajo y se siente a gusto en la ciudad. “Hay más plantas que en Murcia”, nos explica su hijo otro día por teléfono. Por lo visto llegó a España a aquella zona, pero esto le gustó más.

Se acaba la conversación en persona con Feie. Se percibe en su negocio que siempre hay chollo y tendríamos que sacarla de allí a rastras. Su hijo Junjie, que nos ampara días después por vía telefónica, reconoce que están muy liados. “Mi madre siempre está trabajando así que come en el bar, a menudo tortilla, le gusta muchísimo”, nos cuenta. “Un plato con verduras, aquí no lo hay”, revela a continuación sobre los gustos culinarios de su madre de allá. Quedamos con ganas de saber sobre cocina casera china de la de verdad, es una lástima pero en esta ciudad los restaurantes de su país guisan un poco a lo occidental.

“Solo celebramos el año nuevo chino”, confiesa Junjie, y reconoce que en los cumpleaños se regala y nada más. Acabamos esta entrevista a dos voces preguntando si los ourensanos la tratan a ella así como ella trata a los demás. “Todo bien”, el tono al pronunciar esas dos palabras transmite que ella ya es una más. Dice su hijo que le cuesta a su madre lo de la lengua, que no consigue mejorar. “Lo bueno de aquí es que la gente tiene paciencia”, deja escapar una risita Junjie. Es una bonita reflexión sobre nuestras tradicionales gentes ourensanas. Podríamos apuntar también que los pensionistas de nuestra tierra no adolecen de curiosidad, y además tienen toda una vida para, con Feie Cheng en el supermercado, poder hablar.

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