SEGURIDAD ANTE ROBOS
Cálices y cruces bajo llave: el Obispado de Ourense blinda su patrimonio
Sigue siendo el Campo de la Feria, aunque la transacción ganadera se perdió hace muchos años. No es histórico, pues llegó al Ribeiriño en los sesenta, cuando el Pabellón tomó Os Remedios. Sin embargo, es una referencia en el ámbito gastronó
Así se fueron perdiendo ferias otrora esplendorosas, hasta la desaparición en muchos casos. languideciendo poco a poco hasta desaparecer. Apenas queda ganado a la antigua usanza, y el que existe está explotado de otra manera.
Sin embargo, a pesar de esa notable pérdida de concentraciones regulares populares, un buen lote de ellas han logrado sobrevivir a aún perciéndose muchas de estas a base de reinventarse. A falta de vacas, cerdos, burros o caballos, quedan productos de huerta, frutales, plantas ornamentales o árboles, además de aperos, herramientas o los productos más insospechados. Y por encima de todo, la gastronomía, en la que el pulpo es el rey.
Paradigma de todo ello es el Campo de la Feria de Ourense. Ubicado en O Ribeiriño, se asentó allí en los años sesenta, para alejarse del centro urbano y una vez que Os Remedios estaba destinado a albergar el Pabellón de deportes, convirtiendo el entorno en un lugar dedicado a los deportes y al recreo.
Cuando se inauguró, todavía tenía pujanza el mercado ganadero,. dotado con modernas instalaciones de estabulación para vacuno y porcino, principalmente, aunque también había otro tipo de animales domésticos. Al lado, las instalaciones del matadero, que todavía se mantienen en funcionamiento. El retroceso hacía temer un futuro negro.
Pero, a veces las cosas no son como parece y cuando el recinto tenía todos los boletos para quedar fuera de juego, pronto comenzaron a aparecer posibilidades de utilización que restañaban las heridas causadas por el lenguidecimiento del mercado. Por ejemplo, allí tuvieron lugar durante más de dos décadas las pruebas de Tráfico para la obtención del permiso de conducir.
En las ferias, uno de los aspectos destacados, además del mercado ganadero y agrario, fue el gastronómico, con el pulpo como amo de la mesa , aunque después se fue ampliando la oferta, con la incorporación de la carne ó caldeiro, frita, e incluso alcanzó al popular churrasco.
Hasta una decena de calderas de pulpo funcionan a todo trapo en O Ribeiriño los días de mercado. Los asiduos tienen sus preferencias por los nombres legendarios en la elaboración del pulpo, si bien la asistencia multitudinaria hace que el negocio alcance a todos. Hay que sumar los puestos de carne en distintas elaboraciones, además de postres, bebidas y el pan, elemento fundamental para un buen yantar en la feria. Los paladares adictos desafían incluso los rigores del clima, para cumplir con la cita obligada los días 7, 17 y 26 de cada mes. La calidad y sabor del producto es suficiente como para soslayar los problemillas derivados de la concentración de masas y la casi obligada escasez de higiene. Aquí se cumple aquello de que lo que no mata, engorda.
A lo largo de los años se han ido produciendo cambios. Por un lado, la reducción del recinto para dar cabida al parque de bomberos; por otro, la gran remodelación -la más importante en su historia- a la que fue sometida a lo largo de un año en 2009 y 2010. La zona de comida cambió su fisonomía, a base de un diseño más vanguardista y abriendo el gran comedor al río, con unas vistas privilegiadas, además de la colocación de mesas de acero inoxidable, favoreciendo la limpieza -el cambio también alcanza a los calderos del pulpo- y ampliando el espacio.
Pero la felicidad nunca es completa y aquella magna obra, que costó 1,7 millones de euros procedentes del Plan E, recibió enseguida críticas, debido a la corriente que se generaba desde el río, que hacía desagradable, amargándole la comida a la mayoría.
El concello tomó nota y dispuso una enorme cristalera para tapar el aire y la cosa mejoró sustancialmente, hasta el punto de que las pulperas afirman que es el lugar en el que se despacha más pulpo á feira del mundo.
Vendedores, mercancía y visitantes conforman una estampa multicolor, como una gran área comercial de lo autóctono. Severino, que vende mercancía por las ferias desde hace más de veinte años lo tiene claro. 'Isto non se acaba' y aunque sostiene que notan mucho la crisis, también deja caer que 'vaise vivindo' que podría traducirse, más o menos, por 'el negocio funciona'.
Josefa vende herramientas y también se lamenta, pero también dice que 'ainda se vai vendendo'. Abilio viene a cada feria desde Tras-Os-Montes, con su camión de pequeño tonelaje trae mercancía variada. Dice que las cosas están muy complicadas,'pero muito máis en Portugal'.
Entre los gastrónomos, Álvaro es de los fijos. 'Venimos un grupo de compañeros una vez al mes', en tanto que Sergio y su mujer vienen de forma esporádica, debido a las dificultades con los horarios de trabajo. 'Eu saio de traballar ás tres, e ás veces estou fóra de Ourense, polo que non da tempo de chegar'. El rasgo más común: les chifla el pulpo y valoran la comodidad del campo de O Ribeiriño.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
SEGURIDAD ANTE ROBOS
Cálices y cruces bajo llave: el Obispado de Ourense blinda su patrimonio
PRODUCTO INTERIOR BRUTO
El PIB ourensano crece por encima de la media nacional
INFORME AUTONÓMICO
A Saínza aspira a ser de interés turístico nacional
Lo último
Ricardo F. Colmenero
Os xemelguiños
MAPA ESPECÍFICO
Las interacciones con orcas subieron en Galicia en 2025
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este Domingo de Resurrección, 5 de abril
GUERRA EN ORIENTE
Trump da otro ultimátum