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Ourense
El inicio de la pandemia cambió el comportamiento de las personas, especialmente en el ámbito social. Tras el primer confinamiento quedaron patentes algunas de sus consecuencias en la población: "Al cese de la primera oleada, vimos un repunte de atención en toxicomanías y en pacientes que presentaban cuadros de ansiedad o también de estrés postraumático", señala Luis Docasar, jefe del servicio de Psiquiatría del CHUO.
Los meses de confinamiento domiciliario, los pacientes "no circularon" y pudo provocar que sus estados psiquiátricos "empeorasen". En esta segunda oleada no se ha llegado a confinar a la población se mantiene estable: "El número de atenciones en Urgencias sigue siendo el mismo que habitualmente, no notamos aumento, pero tampoco una disminución", indica Docasar. Lo que sí aprecia este facultativo es la una bajada de los ingresos en las unidades de salud mental, que van "en proporción con la disminución de asistencia presencial en Atención Primaria".
Otra de las consecuencias inmediatas que detecta Docasar, quien indica que es "pronto" para hablar de lo que supondrá la pandemia para la salud mental, es el incremento de cuadros paranoides asociados a la familia: "Si antes sentían que el FBI los perseguía, ahora deliran con lo que les pueden hacer sus propios familiares, porque es el elemento en el que se podía proyectar debido al confinamiento", explica.
La incertidumbre de la actual situación, tanto sanitaria como socioeconómica, es considerada como "clave" por Docasar en estos momentos para la salud mental: "El discurso de los pacientes toma como referencia el inicio de la pandemia", afirma. Las previsiones, que barajan un posible repunte de la demanda en los próximos meses, aunque señala que son "solo previsiones, que pueden ser mejores o peores".
La salud mental, un sector que alarga su déficit de inversión que ronda el 2%
El estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud en octubre, revela que los países antes de la pandemia destinaban un 2% de sus presupuestos a la salud mental. La demanda de atención psiquiátrica y psicológica se ha elevado a causa de sus consecuencias, según la OMS. A la falta presupuestaria, se le suma la escasez de psicólogos clínicos que en 2018 llegaban a seis por cada 100.000 habitantes, según un informe del Defensor del Pueblo publicado en enero.
El CHUO cuenta con una veintena de psicólogos y psiquiatras para atender a los pacientes y, ante un posible aumento de la demanda, se están reforzando con nuevas incorporaciones: "Hemos tenido la oportunidad del Plan Galego de Saúde Mental para contratar antes de finales de año, por lo que contamos con más profesionales y nos falta alguno por incorporar", indica Luis Docasar. El psiquiatra apunta que es necesario cuidar la salud mental de la población porque "si los pacientes graves se descompensasen, se necesitarían de 1.500 o 2.000 camas", algo que considera "inasumible" para el sistema sanitario.
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