UNA VIDA DE COLECCIÓN (XVI)
Artistas y escritores cariñosos con José Manuel Valencia
Entrevista
En el mes de abril de 2020, el psicólogo Javier Urra participaba en el Foro La Región y alertaba sobre comportamientos violentos que iba a vivir nuestra sociedad a raíz de la pandemia. Las peleas que hemos visto en las últimas semanas, violencia machista e incluso la agresión que acabó con la vida del joven Samuel en A Coruña el pasado fin de semana confirman que el experto estaba en lo cierto.
Hace un año participaba en el Foro La Región y anticipaba los episodios de violencia que estamos viviendo en la actualidad. ¿Qué nos está pasando?
En primer lugar que el ser humano es agresivo. Somos una especie animal que por un lado es capaz de desarrollar la espiritualidad, el lenguaje, el humor, el llanto o la nostalgia. Pero por otro lado es celoso, muy territorial y cultiva mucho su propio yo. Si a todo eso le añadimos 90 días de confinamiento y una pandemia en la que se ha mezclado la incertidumbre y la ansiedad, era previsible que en algunas personas se desencadenaran comportamientos coléricos, irascibles y violentos. El caso de A Coruña donde 13 jóvenes matan a otro nos muestra un comportamiento en el que la violencia de grupo se dispara en progresión geométrica, mientras que se minimiza la responsabilidad individual.
¿También podemos atribuir a la pandemia un incremento en la violencia de género?
Sí, el confinamiento ha tenido a las familias encerradas en sus casas. Eso ha servido para que muchas parejas que no se llevaban bien empezaran a mejorar su relación, porque han encontrado su punto de ternura y han tenido tiempo para ellos. En cambio, otras han visto que no tenían nada en común y el confinamiento ha servido para confirmarlo. Ha sido una convivencia que, en el mejor de los casos, acaba en una separación, y en otros casos en episodios de agresividad.
¿Estamos ante episodios aislados o nos enfrentamos a una situación generalizada?
Es una sumatoria de hechos aislados. Si los sumas todos tienes el panorama actual. Vemos más violencia en la carretera con una conducción más irregular. Veremos más embarazos no deseados y más delitos de agresiones sexuales. La gente necesita decir “no me autocontrolo”, quieren romper las normas después de muchas semanas encerrados.
Gran parte de los jóvenes está dando rienda a una libertad que no tuvieron durante meses y están cayendo en actitudes poco cívicas. ¿Pero cómo deberíamos actuar con ellos?
En primer lugar, hemos educado a los jóvenes en el yo, mi, me, conmigo. Por tanto les cuesta mucho ponerse en el lugar de los mayores. En segundo lugar, ellos saben que son asintomáticos. Es verdad que alguno acaba en la UCI, pero saben que son muy pocos. Además, han sido muy sinceros porque sabían lo que les iba a pasar, pero lo aceptaron. El problema es que ahora muchos padres se ponen en el papel de equívocos abogados. “No pueden estar 10 días en el hotel”. Hay que recordarles que es un hotel, no la cárcel. No entro en el tema jurídico que es más complejo, pero creo que los padres deberían transmitirles un mensaje del tipo “las has liado, pero ya sabes que tu comportamiento tiene consecuencias”. Pero estamos en una sociedad que quiere comprar el cariño de los hijos. Es algo que no ocurre solo en España. En EEUU estamos viendo pagar a un adulto para que se vacune por dos entradas de baloncesto. Creamos sociedades infantilizadas, cuando el mensaje que deberían darle es “no sea un consumidor, sea un ciudadano y comprométase con los demás”.
La pandemia también ha dado lo mejor de nosotros mismos, hemos visto comportamientos encomiables. ¿Con qué cara nos quedamos?
Con todas, porque el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Hemos visto a personas que se han arriesgado y que han dado la vida por los demás. Desde los que se han ofrecido para que prueben las vacunas en ellos asumiendo el riesgo, hasta los que han querido esperar para que se vacunen a los demás y luego decidir en función de los resultados. Desde el máximo altruismo a favor de la sociedad hasta el colmo del egoísmo, pero es que así somos los seres humanos. ¿Con qué nos quedamos? Con las dos. Es una lección para todos y esperemos haber aprendido algo.
¿Cómo lo han gestionado el resto de países de nuestro entorno?
No tengo un estudio específico, pero por regla general todos nos movemos entre la dificultad, la inestabilidad y la vulnerabilidad. Los gobiernos están desbordados. Han impuesto centenares de normas, que han ido cambiado a medida que pasaban los meses. Además se encuentran con las contradicciones humanas. Al ser humano le gusta obedecer. Cuando le dijeron todos confinados, lo aceptamos. Cada uno eligió películas, libros o la mejor forma de pasar el tiempo. Cuando le dijeron “sea libre, pero sea responsable” ahí empezaron los problemas, porque además se cree invulnerable. Sabe que hay muchos accidentes de tráfico, pero no cree que a él le vaya a pasar nada.
¿Cómo se gestionan estos tiempos de incertidumbre?
Mal, porque al ser humano le gusta anticipar, y quiere tener organizado este verano y las Navidades del próximo año. Le gusta controlar su propia vida. Esto genera mucha inseguridad que está provocando neurosis en el ser humano y tiene un costo que acabaremos pagando. Esperemos que la relación con otros, el contacto con la naturaleza y una vida más sana nos ayude mayoritariamente a superarlo, ser más resilientes y aprender de la pandemia. No todo el mundo podrá hacerlo, hay muchas personas quebradas.
¿Cómo va a reaccionar la sociedad en los próximos meses?
Creo que normalizándose. Si las vacunas van bien y si los jóvenes también pueden acceder a las vacunas iremos normalizando esta situación. Pero quedan otras secuelas, como por ejemplo el paro y quiebras económicas. Todo eso revierte en el estado de salud mental, el estrés y situaciones similares. Se normalizará, pero necesitaremos tiempo.
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