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Decidieron sumarse al programa de acogimiento de Cruz Roja después de que una amiga lo hiciese. Tres años después, Jonathan Rodríguez y Daniela Martínez ya han acogido en su casa a seis menores: primero, a tres hermanos, después, a dos mellizos, y actualmente, a una niña.
Aunque no todo es “de color de rosas”, recalcan la importancia de acoger y hablan del aprendizaje logrado y de la satisfacción al ver la evolución favorable de los pequeños. “Lo que queremos es que los niños se mantengan al margen del proceso por el que están pasando los padres, que recuperen la alegría, que vivan la infancia lo mejor posible”, dice Rodríguez. “Son niños buenos, solo necesitan cariño y atención. Necesitamos compartir un poco más lo que tenemos en casa, nuestro amor, nuestra comprensión”, asegura Martínez.
Todavía se emocionan al recordar a los tres hermanos de la primera acogida: “Se incorporaron a mitad de curso, desde Cruz Roja nos habían dicho que tenían varias asignaturas suspensas y que no nos frustrásemos, que quizás suspendiesen a final de curso también. Pero cuando ves que lo que necesitan es atención, un horario para hacer los deberes, y se lo vas dando y luego ves que aprueban todo los tres te sientes muy agradecido”.
La pareja, que cuenta con dos hijos, explica que los menores acogidos pasan a formar parte de su familia desde que cruzan la puerta. “Se les trata igual que a los nuestros, sin diferencias”, apuntan. “Es cierto que hay un proceso de adaptación, ellos te tienen que conocer a ti y tú a ellos, pero los niños son muy abiertos, no les cuesta nada adaptarse”, comenta Martínez. La niña que acogen actualmente lleva apenas mes y medio en su casa, pero “es como si nos conociera de toda la vida”. En su caso, lo más difícil ha sido acostumbrarla a bañarse: “Al principio le costaba mucho, pero mucho. Pero estos días ya es ella la que me dice que hay que ir a ducharse, es muy lindo cuando ves esos cambios”.
La experiencia del acogimiento no solo mejora la vida de los menores, sino también la de las familias. “Ellos te dan el mismo cariño que tú les das, las mismas cosas buenas”, recalca. En su caso, sus hijos también aprenden mucho: “Aprenden una lección que difícilmente pueden aprender de otra forma, ven las situaciones distintas que hay en las familias, se divierten, comparten, juegan, los cuidan y los miman”.
El matrimonio recuerda la importancia de no olvidar nunca que los pequeños volverán a sus casas, y dan cuenta de la buena relación con los padres biológicos de los niños acogidos. “Todavía estamos en contacto, nos envían fotos de las vacaciones, alguna vez han venido a mi trabajo a darme una sorpresa… Es una satisfacción que las familias puedan reunirse”, asegura Martínez.
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