La Nueva Ourensanía | Kevin Van Wijk, pasiño a pasiño se hace una vida en Galicia (y una entrada)

LA NUEVA OURENSANÍA

Conocido en su faceta como deportista, ala-pívot en el pasado en el COB, Kevin Van Wijk comparte su lado menos deportivo y más cotidiano. En el papar, le va lo de su tierra, pero algo tiene nuestro pan que le ha prolongado la estancia, y parcialmente cambiado la profesión

Miriam Blanco y Marta Vázquez
Publicado: 17 jun 2024 - 08:00
La nueva ourensanía | Entrevista a Kevin Van Wijk

Habla Kevin Van Wijk (Haarlem, Países Bajos, 1989) un español con un curioso popurrí de acentos. “Primero estuve en Canarias, después empecé mi aventura en Oviedo, luego Lugo, otra vez Oviedo, cuarto año Melilla, Huesca y ahora aquí”, explica. Cuando se le pregunta por el dominio del idioma justifica sus conocimientos con un curso al que asistía en el archipiélago, “la vida aquí, las relaciones y esas cosas”. Más tarde sabremos de sus estudios en comunicación y filología española en EEUU, país que además de una carrera, le dio una esposa. “Me quedaban cinco meses para irme, así que le dije, no perdamos el tiempo, ni la energía, ni el dinero, ¿vamos en serio?”, explica sin pudores sobre sus conquistas americanas. Harto estaba de andarse prodigando para nada.

LA NUEVA OURENSANÍA (1)
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Empezamos con estos asuntos el relato y no sobre su conocida faceta como baloncestista, porque de eso ya se sabe y se seguirá hablando. “Pasiño a pasiño… se hace una entrada”, juntos damos título a la charla a la par que él demuestra su dominio de nuestra lengua en su versión hablada. Un paisano pasa, y del murmullo al grito, y del grito al taco, profiere lo que le da la gana y Kevin lo sigue con guasa, sin dejar de ponerle oreja a la entrevista y a la divertida trama. “¡Cona!”, dice en gallego, no porque sea un mal hablado, sino porque se asimila al anciano que en esas anda.

Luce Kevin un brazo tatuado con un salmo, homenaje de amor hacia sus padres, residentes en Coles desde hace cuatro meses. “Aquí no practico”, dice sobre sus creencias, aunque se reconoce cristiano. “En EEUU era diferente, ibas a misa, y después había un concierto”, explica sobre la religión de manera campechana. No acertamos a hablar de Calvino en Holanda porque no dimos con la traducción en neerlandés pero sí rozamos con el verbo a Salomón y leímos en su dermis un cantar de los cantares.

Más allá del deporte

Baloncestista insomne deja fluir unos cuantos bostezos de la que habla. “Trabajo de panadero de noche, me acosté a las cinco y media de la mañana”, confiesa. Pero de estar dormido nada, cuando hablamos de su paso de pívot a ala-pívot y las cinco posiciones en pista percibe Kevin que la ignorancia asoma en su interlocutora y rápido le dice “te has quedado blanca”. Hablemos de qué juegas en la vida Van Wijk, que conoces a medio barrio, compartes con el mundo tus bizcochos y te paseas con tu hijo por los parques. “Del supermercado a casa, veinte minutos son pocos”, por lo visto le dice su mujer sobre su ritmo para los recados. Muy rápido corre el deportista a la canasta pero para ir a por leche toda la mañana de cháchara. “Hablador, parlanchín, falar con todo o mundo”, se reconoce Kevin en la descripción ajena, a leguas se le percibe sociable.

FotosEntrevista-KevinVanWijk (1)
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Le gusta Ourense por su tranquilidad, aunque reconoce que convendría modernizarla. “Faltan cosas para gente joven”, puntualiza.

Además de jugar en el Club Baloncesto Peixefresco Marín, instruye a niños en el deporte y da clases de inglés. Decidió quedarse por estas tierras por petición de su vástago de ocho años que no quería andar más de baile. “En 2018 estuve en el COB, quedamos dos años más, pasó el covid y hasta hoy”, concreta.

Su sueño el de todo buen padre. “Que mi hijo lo haga mejor que yo”, comenta. No se arrepiente del pasado pero la madurez le ha aportado aprendizaje sobre la vida y la profesión.

FotosEXTRAEntrevistaKevinVanWijk-LanuevaOurensania (6)
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No sabe elegir Van Wijk entre croquetas o kroquetten, ni entre gaitas de allá o las de fole, pero no hay quien le cuele una flor do toxo, por amarilla que sea, se queda con sus tulipanes. Dorados son también los girasoles de Van Gogh que antepone a nuestro Guernica, y con su léxico patrio se pone sofisticado. “Schereenmachine”, un término por él inventado que por lo visto todo el mundo entiende. “Yo quería por mi cumpleaños una máquina de afeitar y como volvía después de tiempo en España algunas palabras me las inventaba”, explica. Habla español e inglés en casa y reconoce que el neerlandés lo tiene más aparcado. De Molinos del Quijote no quiere saber porque considera que los holandeses siempre van a ser más bonitos, y quién se atreve a culparle de preferir a los que drenan marismas frente a los terribles gigantes.

Apunta el mentón de Van Wijk hacia arriba por deformación profesional para el retrato. Así se pone firme el deportista antes del himno, así se yergue el hombre para armonizar el cuadro (así le pedimos que reasiente la barbilla a Kevin, y se sube la fotógrafa a una maceta para captar la mirada honesta del neerlandés ourensano).

FotosEXTRAEntrevistaKevinVanWijk-LanuevaOurensania (2)
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