Manuel Sierra: “El hospital estaría cojo sin el trabajo de los capellanes”

APOYO y ACOMPAÑAMIENTO

Una de las profesiones más desconocidas del sistema de salud es la de capellán. En el CHUO hay cinco que trabajan para ayudar a pacientes, familiares y sanitarios, además de acompañar a quien se encuentra en situación de soledad.

El sacerdote, Manuel Sierra, en la nueva capilla, situada en la séptima planta del Edificio de Cristal.
El sacerdote, Manuel Sierra, en la nueva capilla, situada en la séptima planta del Edificio de Cristal. | Lucía Otero

Cuando se piensa en los profesionales que forman parte del sistema sanitario, lo primero que se viene a la cabeza son médicos, enfermeros, auxiliares o celadores. Rara vez se piensa en un sacerdote como parte de un hospital.

En el caso del CHUO, actualmente hay cinco capellanes que ofrecen su servicio religioso a pacientes, familiares y trabajadores del hospital. En el centro siempre hay como mínimo un cura, y por norma general dos, debido a la gran cantidad de solicitudes que reciben, normalmente alrededor de quince durante todo el día, sin contar las comuniones, además de varias peticiones de apoyo durante la noche, para lo que realizan guardias. A ello hay que añador que también reciben llamadas de fuera del hospital.

Los párrocos cuentan con una habitación de descanso donde esperan, atentos al móvil, a recibir las llamadas de enfermeros o médicos, quienes son los que, casi siempre, se ponen directamente en contacto con ellos. La séptima planta del edificio de Cristal también cuenta con una capilla, frecuentemente visitada por familiares y sanitarios, e incluso por pacientes. En ella se realiza una misa a diario y dos los domingos.

El sacerdote Manuel Sierra fue hasta hace un par de meses el coordinador de los capellanes de Ourense, después de llegar hace casi 23 años desde la parroquia de Lobeira, para estar en principio un año en el puesto. Al final fueron más de dos décadas en las que se convirtió en toda una institución del CHUO, llegando a ser el profesional más veterano de todo el Área Sanitaria de la provincia, hasta su reciente retiro a los 79 años.

“El hospital estaría cojo sin el trabajo de los capellanes”, manifestó Sierra, que subrayó que “no solo están para lo espiritual, sino que su labor también es social y humana”. Tras ejercer en ambos lados, el clérigo se sinceró: “Es mejor que una parroquia quede sin curas que un hospital sin ellos. Ahora casi toda la gente viene a morir aquí”.

El sacerdote destacó la importancia que tiene el apoyo de los capellanes a la gran cantidad de pacientes en situación de soledad. “Es la gran epidemia actual, hay mucha gente que aparece muerta sola en sus casas y aquí, entonces les hace falta alguien cercano, también para ayudar a entablar amistades entre los compañeros de habitación”.

Los propios capellanes hacen en muchas ocasiones de enlace entre el servicio médico y los familiares de los pacientes. “En casos de urgencias y en cirugías, si la cosa no va bien, llaman al capellán para comunicar a la familia como van las cosas”, indicó Sierra.

Un sacramento habitual que ofrecen los curas del hospital es la unción de enfermos, muy estigmatizado según el antiguo coordinador. “Una vez que sepan lo que es el sacramento, lo piden más, antes era solo para moribundos, pero realmente su función es para sanar. Yo la recibí un día jugando al fútbol, me caí, me desmayé y me pusieron la unción de los enfermos y no me morí”, señaló el párroco.

Organización y financiación

El funcionamiento de esta prestación se establece a través de una cooperación entre el Sergas y el Obispado, en este caso el de Ourense. “El obispo presenta al gerente unos sacerdotes y él los acepta”, manifestó Sierra. Lo mismo ocurre en Verín. En cambio, en O Barco de Valdeorras, el capellán procede de la diócesis de Astorga. El Sergas realiza un subcontrato al Obispado, que es el que paga de forma directa a los capellanes que ofrecen su servicio en el Hospital.

El veterano sacerdote aprovechó para protestar por las malas condiciones salariales que tienen los curas del hospital, “mal valorados” económicamente a su parecer. “No le pagas a un médico ni la mitad con el sueldo de cinco capellanes”.

Además, indica que al fin y al cabo es un trabajo “de riesgo”, al tener un contacto cercano y constante, de forma inevitable por la naturaleza de su actividad, con personas con enfermedades contagiosas, que pueden poner en peligro tu salud, y eso “no está pagado”, pero indica que se compensa por el agradecimiento de los pacientes y familiares.

¿El resto de religiones?

El único servicio religioso directo que se ofrece en el CHUO es el católico. Por otra banda, los propios capellanes son los que hacen de intermediarios entre el paciente y el sacerdote de otras confesiones. Es habitual con ingresados evangélicos, que se ponen en contacto con el cura que esté en el hospital y es él quien llama al presbítero evangélico.

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