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Hace semanas que ya no suenan los acordes de Cuando zarpa el amor en la Praza Maior. El ajetreo y el bullicio entre copas es ahora un ruido blanco, sin la peculiar presencia de Mari Carmen Herrero, una intérprete que llamaba la atención de espectadores y paseantes. Aunque algunos no son fans, otros no perdían oportunidad de unirse y arrancarse con la más grande, la Jurado, o quizá con una copla de Isabel Pantoja.
Lo que caracterizaba a esta sintecho era su performance musical: recorría las calles con un micrófono en la mano conectado a un altavoz con ruedas. Sin embargo, hace apenas dos semanas, se lo robaron mientras dormía en unas galerías. “Pasaron sigilosos, como gatos. Cuando me desperté se habían llevado todo”, señala. Ahora, carece de uno de sus principales medios de vida.
“No es la primera vez que me ocurre, en Vigo ya me había pasado”, recuerda. Herrero nació en Almería, pero creció en Asturias. Con 19 años se trasladó con el que era su marido a San Cibrao (Lugo) y después se desplazó por varios sitios de Galicia. Está empadronada en Untes (Ourense) porque una mujer le dejaba residir en su segunda vivienda mientras ella estaba en Pontevedra con su familia. Sin embargo, la acabó vendiendo y Mari Carmen se quedó sin hogar. Antes pasó también dos años de okupa en Vigo, en un edificio abandonado de Hernán Cortés. La calle es lo que le queda, aunque está intentando buscar un techo con ayuda de los servicios sociales.
Vivir a la intemperie no es fácil, pero Mari Carmen aguanta bien el calor. Sin embargo, teme que le sigan robando: “Es un sitio hostil, no te puedes fiar”, indica.
Ahora, anhela recuperar su dispositivo o tener uno nuevo. Nunca tuvo formación musical, pero ella defiende que “con arte se nace”. “Me gusta animar las terrazas y cantar. Ya no puedo ofrecerle música a la gente y, encima, tenía canciones nuevas descargadas”, lamenta. Entre sus favoritos están algunas folclóricas, por supuesto Camela y no tiene problema en arrancarse por Los Chunguitos.
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