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PREMIO MENINAS 2025
En su familia no había ningún guardia civil y ella tampoco tenía vocación por serlo, pero un día, cuando tenía 19 años, iba paseando por la calle con su cuñada y un amigo de esta que era agente comentó que había salido la oposición para ese ese cuerpo y decidió presentarse. Le dejaron un libro, estudió lo que le dio tiempo, pero aun así logró aprobar. Han pasado 31 años desde aquel paseo y María Isabel García Nuñez (Vences-Monterrei, 1975) es hoy la capitana del Seprona en Zamora. Además, la pasada semana recibió el premio Meninas 2025 de Castilla y León, el cual reconoce a las mujeres que promueven la igualdad real.
Pregunta. ¿Cómo fue su comienzo en la Guardia Civil?
Respuesta. Mi primer destino fue en un puesto de Salamanca, bastante lejos de la capital. No sabía lo que era la vida en un cuartel, pero cuando llegué pensé en que tenía que ascender, enseguida lo conseguí, logré ser cabo y me destinaron al País Vasco, donde ascendí a sargento y me fui a Lugo y ya empecé mi andadura en Seprona.
P. Logró ser la primera capitana del Seprona de Zamora, todo un hito.
R. Es natural. Mandar a un equipo como el que yo tengo es fácil. A mí me gusta trabajar en equipo, ellos me llaman jefa y yo les digo que no quiero ser jefa, que quiero aprender de ellos, estar con ellos y que juntemos todas nuestras capacidades porque el Seprona es muy amplio. Tenemos residuos, contaminación atmosférica, urbanismo, seguridad alimentaria, patrimonio histórico… Es un abanico muy amplio y nadie tiene todas las capacidades, pero en conjunto el potencial es muy amplio.
P. De ese abanico tan amplio, ¿cuál es el que más le gusta?
R. A mí me gusta mucho, evidentemente, el bienestar animal y luego me encanta el patrimonio histórico. Me parece muy importante la identidad cultural y evitar los expolios. El patrimonio es un recurso económico y social para un territorio. También me gusta mucho la seguridad alimentaria porque la gente no es consciente muchas veces de lo que comemos y Seprona está desde el principio hasta el final, de la huerta a la mesa. Seprona es una especialidad bonita y a mí me gustaría seguir en ella lo que me queda de carrera profesional.
P. Viendo la pasión con la que habla, está claro que acertó al presentarse a la oposición.
R. Sí. En su momento opté por el Seprona y nunca me he arrepentido, es más, siempre he intentado seguir mi trayectoria en esta especialidad. Tiene muchísimo potencial para ayudar a mucha gente porque al final vivimos en el medio y si el medio desaparece o se degrada…
P. ¿Su momento más duro en la profesión fueron los incendios de este verano?
R. Ya sufrimos en Zamora los de 2022 y este año sufrimos estos. Yo había estado en Lugo de sargento de Seprona y sabía lo que eran las dinámicas de incendios y luego eres de Verín y ya tienes un poco la impronta de lo que es el “lume”. Sí que es verdad que ha habido un cambio de paradigma desde el 2022 a ahora. Antes los incendios, de alguna manera, eran en la propagación y en la extinción más fáciles de controlar. Ahora no es que tengas más número de fuegos, es que un incendio puede arrasar 50.000 hectáreas o como el que me tocó a mí en Molezuelas, que era intencionado y se quemaron 40.000 hectáreas y murieron dos personas.
P. Ante estas catástrofes, ¿resulta clave la prevención policial?
R. El modelo que yo creo ideal es la inteligencia criminal en la prevención. Yo creé un equipo de cuatro componentes que estaban exclusivamente para eso, pero no cuando se producía los incendios, sino antes. La mayoría de los incendios son cíclicos, es decir, se producen por unas causas que van de forma clara y manifiesta ligadas al uso y gestión del territorio. Cuando se quema en un sitio, se vuelve a quemar en cierto tiempo porque hay unas motivaciones, que eso es lo que nosotros tenemos que saber como guardias civiles, quién, por qué quema y dónde está la amenaza. Por ejemplo, para mí era importante antes de este año la alta y baja Sanabria, que es la que linda con Ourense, y cuando se produjo uno de los incendios, el que mencioné de 40.000 hectáreas, nosotros ya teníamos nombres y no nos equivocamos
P. La pasada semana le dieron el Premio Meninas 2025 de Castilla y León, ¿qué significa para usted este reconocimiento?
R. A todos nos gusta que nos den un premio. Para mí es un orgullo porque es de igualdad y liderazgo. Siempre he sido una persona de fuertes convicciones y para mí ha sido muy importante el papel de la mujer en la Guardia Civil. Tengo la suerte de estar en un cuerpo en el que se ha ido teniendo conciencia, antes ver a una mujer mandar era una excepcionalidad, ahora es una evolución. Estoy en un cuerpo que ha sabido evolucionar con la sociedad e integrar, no solamente a las mujeres, también a la diversidad. Tenemos una Guardia Civil más justa, igualitaria y diversa.
P. ¿Ha cambiado mucho la Guardia Civil desde que ingresó en el cuerpo?
R. Cuando yo entré las cosas no eran como son ahora y a veces desde tu puesto hay que ser punta de lanza, He intentado promover actividades y mis jefes son extraordinarios porque siempre me han dejado hacer cosas. He tenido libertad para dar visibilidad a la mujer, algo que a mí me parece importante sobre todo para las que vienen detrás de mí, tiene que haber gente delante que empuje para ellos y para ellas. Yo recuerdo que en 2019 con el plan de igualdad se fueron ampliando los permisos de maternidad y paternidad y yo tenía compañeros que se extrañaban que tuviesen que coger tantas semanas de paternidad. Todavía tenemos un trabajo silencioso, poco visible y resistencias, que las hay.
P. ¿Alguna vez sufrió alguna actitud machista o paternalista?
R. Sí, pero yo siempre digo que contextualizar lo que me pasó hace 25 años a ahora no tiene sentido porque esto ha cambiado. Sí que es verdad que yo me acuerdo que cuando estaba en Lumbrales (Salamanca) me apunté a un curso porque quería ascender a cabo y pedí el primero que salió en el boletín y era el de Tráfico. Yo tenía un teniente que había estado en Tráfico e informó negativo y cuando le pregunté por qué, me dijo que porque yo era muy bajita para coger la moto. Lo sorprendente es que pensaba que me estaba haciendo un favor. No es que fuesen producto de nuestro uniforme, eran producto de la sociedad. Luego también había conductas paternalistas, por ejemplo, en aquellos tiempos fuimos dos mujeres juntas al mismo puesto y no nos querían dejar salir juntas a conducir, ahora cuento eso y no entra en la cabeza, pero era así.
P. ¿Qué deberes quedan por hacer en materia de igualdad en la Guardia Civil?
R. Hay que seguir trabajando en la formación y en la sensibilización, al igual que en la sociedad. Hay mucha desigualdad estructural y todavía queda mucha concienciación y sensibilización. La Guardia Civil ha mejorado mucho, pero tenemos que seguir trabajando y yo siempre digo que lo que no se nombra no existe y cuando algo como hombre no te atañe, pues no le das importancia. Si están haciendo obras al lado de tu casa y están con el martillo percutor no te dejan dormir, pero el que está tres calles más lejos piensa: “¡Qué bien que están arreglando ya la acera!”. La igualdad en la Guardia Civil no es cosa de mujeres, es cosa de mujeres y de hombres y no puedes avanzar si no es con ellos y aquí hay muchos hombres que tienen una sensibilidad grandísima y te ayudan muchísimo.
P. La impresión es que el trabajo que llevan realizando mujeres como usted años se refleja también en que cada vez más niñas quieren ser guardias civiles.
R. Sí, yo creo que se ha hecho un esfuerzo muy grande desde la dirección general, desde el área de igualdad y diversidad y desde las comandancias. Creo que las chicas ven ya como una posibilidad real y bonita ser guardia civil.
P. En parte gracias a agentes como usted.
R. Hay muchas mujeres muy representativas en la Guardia Civil, mucho más que yo, y entre todas ponemos nuestro granito de arena. El otro día en Zamora en el Día del Pilar iba con mis amigas de Verín por la calle y me vino una chica, tendría 18 años, que me había visto en algún medio de comunicación y me dijo: “Eres la capitana del Seprona, yo quiero ser como tú”. Que alguien te diga eso para mí es un orgullo.
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