EL PEOR ENERO EN UNA DÉCADA
El fin de la Navidad y el clima dejan el peor enero de la década para el empleo en Ourense
EN LA PROVINCIA
Viviendo en el pueblo, pero en la ciudad: “Somos cuatro vecinos y hay metros de distancia"
Los vecinos de los núcleos de población del perímetro rural de la ciudad de Ourense coinciden con lo demandado por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo –y concedido ayer por la Delegación del Goierno–, en cuanto a la necesidad de que la aplicación de franjas horarias para poder pasear no se les aplique, al tratarse de zonas con escasa densidad poblacional –aunque les penalice el pertenecer a la ciudad de Ourense–, lo que les obliga a cumplir a cada vecino con su correspondiente franja horaria.
Es el caso de Untes, donde Carmen Iglesias trabaja como cuidadora de una señora mayor. Ella lo tiene claro: "En una ciudad hay mucha más gente, pero no es el caso de un sitio como Untes, donde son cuatro vecinos, el riesgo es mínimo, así que me parece un poquito exagerado. Yo entiendo que en un centro comercial en la ciudad, obviamente, sí hay peligro, pero en esta localidad, donde todos los vecinos saben cómo están los demás, que ninguno de los que está aquí está contagiado, para qué tanta restricción".
Añade otro detalle: "Aquí hay gente que tiene problemas como el alzhéimer y que han estado encerrados dos meses y que ahora, con esta restricción de franja horaria, solo pueden salir un tiempo por la mañana y otro poco por la tarde. Y ese mes y medio o dos meses confinados ha significado un retroceso mental grandísimo, creo que el Gobierno debería medir un poquito. Yo entiendo que si uno está enfermo de una dolencia pulmonar, pues hay que tener más precaución, pero no podemos medir a todos por el mismo patrón.
Tampoco entiende "que un niño, en un pueblo como este, pueda sacar la bicicleta tan solo hasta las seis y después tenga que irse para su casa, con el horario que tenemos ahora. Creo que eso debería cambiarse".
Elías Gómez Pérez está trabajando la huerta en esta mañana de jueves. Jubilado recientemente, a él, por edad, le correspondería la franja de edad situada entre las 10,00 y las 12,00 horas. "No entiendo esa restricción, porque aquí se puede uno desplazar tranquilamente por el pueblo sin encontrarse con nadie; considero que aquí debería ser un poco más libre. Comprendo que en la ciudad se aplique esa medida, pero en un pueblo...".
Domingo del Río pasea en el entorno de su casa, tras la verja que le separa de la calle. "Estar confinados aquí es una tontería, porque aquí no pasa nada. Yo poco salgo, pero pienso que habría que abrir la mano en los pequeños núcleos, porque llevamos ya dos meses así. En la ciudad hay mucha más gente, se cruza uno fácilmente con otras personas, pero aquí no hay ese problema, somos cuatro vecinos y tenemos varios metros entre unos y otros".
El Gobierno parece estar de acuerdo, puesto que acaba de liberalizarles el horario.
En la frontera con Pontevedra: “Es un milagro si veo a dos personas"
La localidad termal de Prexigueiro limita con la provincia de Pontevedra y con sus aproximadamente 100 habitantes estaba sujeta hasta ayer a las restricciones de horario por pertenecer a Ribadavia, un concello que con 5.024 empadronados que ahora deja de estar sujeto a la norma de turnos para salir a pasear o practicar deporte.
Jaime Paz Alonso, vecino de Prexigueiro, considera que "es de risa que en un pueblo tan pequeño tengamos que salir por turnos. "Normalmente voy a caminar a las ocho de la tarde y si me encuentro con dos personas es un milagro". Aunque aplaude la medida para poblaciones grandes, considera que "no es normal en el caso de los pueblos pequeños, en donde las personas deberían salir a cualquier hora, porque esto es un mundo aparte, muy diferente al urbano". En su opinión, "debería haber distinciones igual que en Asturias, porque en Prexigueiro la mayoría son personas mayores que ya ni salen. Detrás de mi casa hay un parque bastante grande, siempre vacío".
El pueblo, en general, afirma que está en la misma situación, sin gente, "a raíz del cierre de las termas ya no circulan coches ni hay el ambiente que había antes", afirma.
En la frontera con Lugo: “Cruzo a diario, case nin me dou conta"
Benito Pérez tiene explotaciones de ganado en Lugo y en Ourense. "Cruzo o límite varias veces ao día". Su casa linda a con el cartel de entrada a la provincia. Reside en la localidad lucense de As Lamas", que toca con San Martiño, ya en el concello ourensano de Vilamarín. "Son de Lugo e de Ourense", presume, quien se mueve cada día en ambas provincias casi sin quererlo, "sen fixarme nin no cartel". "O venres pasado paráronme no límite pero enseguida cando lles dixen que ía onde o gando me deixaron seguir, aquí non temos problema", relata. Asegura que está trabajando "máis que ningún ano", ya que "hai máis xente ca nunca nas aldeas e todo o mundo necesita facer algún traballo e eu teño tractor". La vida para las labores de campo no entiende de límite provincia y sigue "igual ca que se non houbera restricións, están facendo aquí as obras da autovía A-56 e os camións están continuamente nas dúas provincias".
"Estes límites nestas zonas son máis ben para marear, serve máis ben de fastidio. Hai que ter precaución, pero eu ao gando non o pode deixar". Lisardo González, empresario de San Martiño, al otro lado, señala que la acaba cruzando igual: "Ás veces ponse a Guardia Civil xusto no límite e ao que pasa cáelle unha reprimenda. Desde o punto de vista práctico, non afecta".
Viviendo en el límite entre Ourense y Zamora: "Se colles a lei, é que non se podería nin ir ao banco"
Son zamoranos, pero para salir de pueblo tienen que pasar sí o sí por la provincia de Ourense para continuar hacia su comunidad. Comparten con Galicia muchos lazos culturales, como el resto de la Alta Sanabria, incluso el idioma gallego.
"Somos como o condado de Treviño", relata Ramiro Tomás, de origen vallecano, pero que vive todo el año en Porto de Sanabria. "Se tomásemos escrpulosamente a lei, aquí non poderiamos saír de Porto, porque as únicas estradas que hai para saír van para radorramisquedo (Viana) ou á Veiga". Lo mismo les sucede a los pueblos zamoranos de Barxacoba, Pías y Villanueva de la Sierra, cuya salida del pueblo desemboca en Vilavella (A Mezquita), antes de que puedan continuar hacia Castilla y León. El abastecimiento llega cada día con vendedores ambulantes, pero "algúns van a facer algunha outra cousa ata A Veiga ou ata Viana, é o que temos máis cerca", explica Tomás,. La Guardia Civil de Puebla de Sanabria les visita de vez en cuando, pero de momento los que se han ido hacia localidades ourensanos no han tenido problea.
El alcalde, Francisco Blanco, que presume de la "calidad de vida"a, dice que apenas hay "trasiego" por lo que no ha habido problemas. "Como mucho alguien que va al banco a Viana pero si piden ir al lugar más cercano, creemos que es lo apropiado, aunque sea otra provincia", indica. Otra de las precauciones es el médico. "O hospital de Verín é o noso hospital de referencia, e desde o estado de alarma están derivando a xente a Zamora, tárdase o triple. Preocúpame que isto quede así despois", reconoce Felipe Lubián, regidor de la localidad homónima.
Viviendo en la aldea, pero como si fuera en la ciudad (hasta hoy)
Celanova: “A la tarde estamos todos en la avenida de San Rosendo"
La villa de San Rosendo era uno de los municipios ourensanos donde se estaban aplicando las franjas horarias en las salidas de los hogares pese a no alcanzar los 3.600 residentes, al tomarse el censo global del municipio (5.649 habitantes). A la celanovesa Lucía Feijóo, las limitaciones a la hora de ir a hacer deporte, pasear o salir con los niños no le parecían "del todo mal" pero, en pequeñas poblaciones como Celanova donde la gran mayoría camina por los mismos espacios, provocaba que "a las ocho de la tarde estemos todos en la avenida San Rosendo", describía.
El "tumulto" de gente se disipa al salir del casco urbano, pero las restricciones sobre la duración de los paseos y la franja horaria, en ocasiones imposibilita conciliar otras rutas alternativas. "En mi caso, voy hasta el límite del término municipal y ando algo justa, pero es lo que hay", comenta más temerosa de lo que pueda ocurrir a partir del 11 de mayo. "La gente piensa que, con esto de que podemos salir, el virus se acabó. Pero sigue ahí", añade. Aficionada al deporte, trata de mantener sus paseos diarios compaginándolos con las salidas para la práctica deportiva de su marido, el trabajo y el cuidado de dos niños pequeños. "Pienso que los horarios están hechos para los que trabajan. Por las mañanas apenas hay gente", comentaba.
En un pueblo barquense: “No da tiempo de ir a ningún lado"
El núcleo de A Proba apenas dista un par de kilómetros de la villa de O Barco de Valdeorras. En la actualidad, únicamente cuenta con 110 habitantes, un número muy reducido que no evita que la población tuviese hasta hoy que ajustarse al horario establecido por el Gobierno central para las salidas en aquellos concellos que superan los 5.000. Esta circunstancia no gusta a uno de estos vecinos, Manuel Rodríguez Rodríguez, quien lamentó que la medida gubernamental le impidiese "tener libertad de ir adonde quiera".
Explicó que, en un primer momento, quiso creer que la medida únicamente afectaba a las localidades de más de 5.000 habitantes y que no sería aplicable en las aldeas y núcleos de menor población. Después, comprobó que estaba engañado. "Me fijé que era verdad", lamentó.
Ayer, desde la puerta de su vivienda, insistió en el reducido número de habitantes de A Proba. "Somos un par de decenas de vecinos y estamos a dos kilómetros de O Barco", comentó, para inmediatamente protestar por el escaso margen de tiempo que les daba en la aldea para salir de casa: "No da tiempo para ir a ningún lado". Así las cosas, Manuel Rodríguez explicó que últimamente apenas sale de casa. "No voy a ningún sitio", afirmó.
Viviendo en el límite entre España y Portugal: “El cierre de la frontera nos ocasiona muchos
perjuicios"
Los hermanos Marta y Alejandro Cuquejo regentan la fábrica de embutidos artesanos y salazones, además del supermercado Serra do Larouco en Baltar. Son la segunda generación de una empresa que creció al calor de la Raia. "El cierre de la frontera nos está ocasionando muchos perjuicios y pérdidas", lamenta Marta Cuquejo, recordando que buena parte de su mercado está en Portugal. "Si no abren la frontera no sé lo que pasará pero muchos negocios tendremos que cerrar", lamenta su hermano.
Esta empresa tienen 26 trabajadores en plantilla. Mas de la mitad son portugueses, trabajadores transfronterizos que residen en los pueblos del cercano municipio de Montalegre. La mayoría tiene sus viviendas cercanas a la frontera y tardan apenas diez minutos en incorporarse a sus puestos. "Ahora, con el paso fronterizo cerrado tardan casi hora y media", explicá Marta Cuquejo.
Los trabajadores tienen que dar un rodeo por el paso oficial de Feces de Abaixo (Verín), el único abierto entre la provincia y Portugal. Todos los días tienen que dar este rodeo para venir y al acabar la jornada laboral. "No tenemos nada contra los controles, pero es necesario abrir de alguna forma el paso fronterizo de Baltar", añaden.
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